Barcelona: casi 9 años del atentado de Las Ramblas

El próximo 17 de agosto se cumplirán nueve años de la barbarie ocurrida en Las Ramblas, perpetrada por dos yihadistas que atropellaron a numerosos turistas, ocasionándoles la muerte a varios de ellos, entre ellos, a un niño australiano cuya madre, de origen asiático, acabaron hiriendo, pero que, por suerte, con el transcurso del tiempo logró recuperarse, aunque en la actualidad se dedique a recordar a la ciudad de Barcelona como aquella en la que perdió a su único hijo por culpa de musulmanes extremistas.

En estos nueve años que se cumplirán de la tragedia acontecida en Barcelona y Cataluña en general, parece que la clase política no ha aprendido nada de tales sucesos; y es que aún continúan fiándose de aquellos que provienen de países donde el islam domina, bajo el pretexto de que vienen a trabajar y montar sus negocios. No se dan cuenta de que esa es la típica fachada que se utiliza con el fin de despertar la simpatía de gran parte de la sociedad catalana, que a su vez es buenista.

De hecho, en la misma Barcelona puede observarse que una gran parte de este tipo de inmigración se encuentra en la mendicidad, una situación que no debería producirse, sino que lo que deberán hacer es regresar a sus países de origen para tener los cuidados necesarios. Sin embargo, su labor real es la de ponerse a vivir de las limosnas que exigen a los turistas que visitan la ciudad anualmente, incluso acosándoles mientras se encuentran en terrazas tomándose una cerveza o comiendo en un restaurante, hasta que estos no les coloquen una moneda en el vaso que portan.

Lo que antaño era una ciudad que se podía visitar con gusto y sin temor a nada se ha transformado en una en la que debes estar pendiente constantemente de por dónde caminas para evitar que tu móvil y/o cartera desaparezcan. ¿De verdad es esto lo que quieren para Cataluña los de la izquierda más radical? La respuesta a esta cuestión puede ser de lo más desoladora. Para evitar que la cosa vaya a más habrá que hacer lo que sea para evitarlo.

2030 está a la vuelta de la esquina y puede ser el año en el que perdamos la Barcelona que conocíamos hace décadas, como pasará con otras ciudades españolas con la invasión que estamos sufriendo en los últimos años, desde que tenemos como presidente del Gobierno a Sánchez, respaldado por la extrema izquierda. Dicho esto, tan solo hay que rememorar cómo era Barcelona tiempo atrás, también el resto de España. ¿Cómo ha sido nuestra infancia y lo que ha cambiado hasta entonces? Para descubrirlo todo.

No importa si rondas o superas los sesenta años o apenas estás comenzando un grado universitario en el año 2026, en el que habitamos en el tiempo presente. Los cambios en España han sido tan bruscos en estos siete años, algo que cualquiera puede notar; hasta el tonto del pueblo sabe que estoy en lo cierto. Y es que los españoles debemos demostrar que realmente amamos a este país y lo dispuestos que estamos a defenderlo. Por ese motivo, debemos evitar que nos sustituyan demográficamente, por culpa de una clase política incentivada a que este reemplazo prospere mediante ayudas económicas y cubriendo los gastos básicos a todos aquellos que vengan de fuera.

En otros países europeos ya se han rebelado contra la injusticia que se produce contra el hombre caucásico de origen europeo. Y esa es la única solución que veo para que nuestros gobernantes nos hagan caso, porque mediante mostrar nuestro rechazo a través de redes sociales no solucionamos nada; tan solo sirve para desahogarnos. Pero, desgraciadamente, el problema persiste y persistirá, además de empeorar a medida que transcurren los días. Porque mientras más pasivos seamos, peor nos irá a los españoles.

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