Gripes, pandemias y demás miedos inducidos

Vuelven las mascarillas, pobres ‘yayus’ por doquier ya vemos cómo ancianos lucen la tendencia de la temporada, inducida por esas furcias mediáticas que cumplen a rajatabla las medidas de aterrorizar a la población y mantenerla en estado de crispación continua. ¡Que viene la gripe! Y no tardarán en hablar de hospitales saturados.

A la gripe se ha sumado la alarma por la gripe porcina; hace unos meses ya lo han hecho con la gripe aviar. Nadamos en mares de virus y bacterias, nada nuevo; desde que el mundo es mundo, bacterias y virus nos acompañan, pero de unas décadas a esta parte parece que seamos “niños burbuja” y todo nos pueda matar.

¡Qué poca memoria tenemos! ¿Recuerdan la famosa gripe A (H1N1) de 2009? Ese simulacro de pandemia –sin duda ensayo de lo que estaba por venir– que provocó alarma mundial y también una rápida vacuna. ¿Les suena? Crearon una verdadera psicosis gripal. Curiosamente, unos meses antes, la OMS cambió los parámetros de pandemia. Ya no era necesario que los casos mortales fueran superiores a la media estacional; tan solo era necesaria una rápida propagación. ¡BOOM! Al poco tiempo de cambiar la denominación, saltó la alarma pandémica.

Los laboratorios GlaxoSmithKline y Novartis se llevaron el gato al agua con sus vacunas llamadas Pandemrix y Focetria. Los serviles gobiernos compraron millones de dosis, que se tuvieron que comer con patatas porque, evidentemente, en ese momento no se invirtió lo suficiente en los medios de lobotomización masiva.

Sin embargo, mucha gente picó y, cómo no, tiempo después empezaron a haber efectos secundarios. Numerosos jóvenes, sobre todo en Europa, se vieron afectados por narcolepsia; la vacuna podría haber desencadenado una respuesta autoinmune, posiblemente debido a componentes estructurales alterados en la vacuna. Investigadores finlandeses encontraron más de una alteración estructural en la nucleoproteína, probablemente por defectos en la preparación de las vacunas, afectando la capacidad del cuerpo para regular el sueño. A pesar de que, como siempre, las autoridades pertinentes negaron el nexo entre narcolepsia y vacuna, Pandemrix fue retirada.

Más tarde llegaría el COVID y, ahí sí, los medios hicieron su parte del trabajo sucio. Pudimos ver desplegados los actos más viles y beligerantes; ni rastro del trabajo periodístico que hace décadas era considerado y premiado. Como perritos falderos, acataban órdenes de su amo. Cómo no, si quien controla la información controla el mundo y, mucho más, las mentes serviles con tendencia ovina. Eso lo saben bien las serpientes de la “Big Pharma”. Basta rascar un poquito para descubrir que, por ejemplo, James Smith, expresidente y director ejecutivo de Thomson Reuters -conglomerado empresarial al que pertenece la agencia de información mundial más importante-, fue nombrado miembro de la junta directiva de Pfizer en 2014.

Volviendo a esa gripe de 2009-2010, un nuevo virus H1N1 empezó a causar enfermedades en seres humanos. Por lo general, se denominaba gripe porcina y era una nueva combinación de virus de la influenza que infecta a cerdos, aves y seres humanos…

Y llegamos a hoy, ¿qué animales vuelven a estar en el punto de mira? Curiosamente, los básicos cuya carne es más barata, dentro de la locura de precios de todos los alimentos: cerdo y pollo. Gripe aviar (H5N1), gripe porcina (H1N1, otra vez) y nueva amenaza de gripe humana (H3N2), según dicen, una mutación agresiva de la gripe estacional… Pero, dado que “los virus mutan” a velocidad vertiginosa y extraña, no duden que llegue también a tocar al ganado vacuno.

Recuerden, la gripe H1N1, que causó esa supuesta pandemia mundial, es una variante que combinaba genes de virus aviares, porcinos y humanos que, al parecer, se convirtió en una gripe estacional común, pero que -aquí el negocio- se incluye en la vacuna anual. Es contagiosa de persona a persona y se propaga por el aire o superficies, pero no por comer carne de cerdo. Mientras que la gripe aviar (H5N1, etc.) es otra enfermedad de aves que raramente afecta a humanos, aunque existe preocupación por su mutación y riesgo de pasar a mamíferos, incluyendo cerdos, para causar nuevas pandemias…

Y ya volvemos al circo de los horrores, porque en Inglaterra ya empiezan a alzar la alerta, tomando medidas similares a las del COVID, cerrando incluso escuelas. Los medios han vuelto a sus campañas para aterrorizar a la gente; desde luego, no verán a ningún periodista investigar por qué interesa ahogar a los ganaderos, que se encarezcan los alimentos y que la gente termine con pobres dietas.

Tampoco habrá nadie que ate cabos y relacione los aumentos de enfermedades pulmonares y cardiovasculares con las vacunas COVID, ni, tras ver la degradación de la salud de los que fueron inyectados, busque un posible nexo con una más que plausible inmunodeficiencia. Pocos medios se han hecho eco de la ocultación de información por parte del gobierno británico respecto a la vinculación de vacunas COVID y exceso de muertes.

El miedo es el que nos convierte en esclavos, lo que da carta blanca a prohibiciones para allanar el terreno a nuevas ideas de negocio, así como a un mayor control de la población. La enfermedad mueve millones y ya sabemos que la vida humana vale cero; así que pregúntense quién sale ganando con esta nueva forma de terrorismo sanitario. Resulta, cuanto menos, curioso que en Occidente estemos en continua alarma sanitaria y, sin embargo, no se impone ninguna obligación ni cuarentena a la gente que llega, a diario y en masa, desde África, donde los controles sanitarios no son estrictos. ¿No les parece una incongruencia? ¿O responde todo a un plan bien orquestado?

Por favor, tengan criterio propio; no se crean todo lo que vomitan los medios de masas. Busquen información, cotejen y verifiquen fuentes; utilicen el sentido común -el menos común de los sentidos, actualmente-. ¡No se dejen pastorear!

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