
Siempre me ha parecido curioso cómo la gente utiliza el término ‘racional’ como si fuera la antítesis de lo espiritual. Es decir, si eres una persona racional, automáticamente, ¿quedas fuera del reino de lo mágico e intuitivo? Parece que la ‘racionalidad’ se ha convertido en sinónimo de aceptar el paradigma materialista, aquel que dice que venimos de la nada, que todo esto -la vida, la configuración de la naturaleza, la frecuencia de Fibonacci, tu inteligencia abstracta, tus intuiciones más profundas y las complejidades del universo- es producto del azar.
¿De verdad esa es la gran conclusión de nuestro mundo moderno? ¿Qué la consciencia, la inteligencia filosófica y las intuiciones profundas son solo un accidente cósmico? ¿Eso es lo ‘racional’? Vivir una existencia sin sentido ni objetivo, cuando todas las culturas, a lo largo de la historia, han compartido los mismos mitos y experiencias místicas. Y ahora, de repente, ¿son todos unos chalados? Confío en la magia y no soy la única. Todo niño cree en la magia. Cuando les hablan de magos, no se plantean por qué no podrían traerles regalos. Tal vez duden de los detalles logísticos del relato, pero en su esencia, los niños confían en la magia porque es intrínseco al ser humano.
Algo en nuestro interior resuena cuando hablamos de espiritualidad, aunque nos hayan adoctrinado para negarlo. Entiendo que hemos visto demasiados charlatanes, escándalos sectarios, líderes de culto que manipulan y saquean… Pero no podemos reducir la espiritualidad a esos ejemplos. Hay algo más, algo que sabemos que es real, aunque nuestro lado ‘racional’, nos diga que no.
Incluso los grandes artistas como Vincent van Gogh, Mozart y Virginia Woolf, han reconocido que su inspiración proviene de algo superior, como si canalizaran ideas de una fuente externa. Van Gogh mencionaba en sus cartas que sus mejores obras surgieron de una conexión profunda con su entorno y una especie de “luz interna” que lo guiaba. Mozart llegó a afirmar que la música le llegaba casi como un “dictado divino”, mientras que Woolf describía la creatividad como un “misterio” que la conduciría a plasmar sus pensamientos en el papel.
Esta idea de la inspiración transcendental también ha sido recurrente en la historia del arte. Botticelli encontró su musa en Simonetta Vespucci; quien no solo fue su modelo, sino que encarnó el ideal de belleza y pureza que le sirvieron para crear obras maestras como ‘Primavera’ y ‘El nacimiento de Venus’. Simonetta representaba tanto lo divino como lo etéreo, esa conexión entre lo humano y lo trascendental.
En la ciencia también podemos observar esta conexión: Albert Einstein reconocía que la imaginación es más importante que el conocimiento, sugiriendo que hay algo más allá de lo puramente lógico que permite que surjan los grandes descubrimientos. Los saltos creativos y las conexiones inesperadas que impulsan tanto la ciencia como el arte parecen una mezcla de intuición y razón. ¿Por qué seguimos creyendo que lo espiritual y lo racional no pueden convivir? Si miramos a nuestro alrededor con ojos verdaderamente abiertos, resulta evidente que la naturaleza tiene un orden, un propósito que no puede reducirse al simple azar. Y eso, querido lector, es lo más racional que existe.
La próxima vez que alguien te diga que lo espiritual es una pérdida de tiempo, pregúntale: ¿Realmente es más racional pensar que todo esto es un accidente? Tal vez, después de todo, la verdadera ‘racionalidad’ incluye también la magia de la vida. Permítete explorar esa magia, atrévete a soñar, a crear y a conectar, porque en esa intersección entre lo racional y lo espiritual es donde reside el verdadero poder de tu existencia.
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam






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