El miedo como arma de control social incuestionable

Desde el año 2019, la población española está siendo sometida a un fuerte control social sin parangón con el resto de países del mundo o, por lo menos, no nos llegan noticias de otros en el modo en el que se siente aquí. Y es que este gobierno, a raíz de la epidemia de 2019, pudo comprobar que la sociedad española es de las más manejables y sumisas que existen. Y aún se repliega a los mandatos que no son lógicos si son “por un bien mayor, social o simplemente el Papá Estado nos protege contra las adversidades”, aunque sea difícil de entender. El españolito cierra los ojos y acata… aunque duela, porque son órdenes y así estamos educados.

Así que sólo ha faltado un desastre natural que antes se llamaba “tormenta”, que fue denominado “gota fría” allá por los años 80, luego pasó a ser “ciclogénesis explosiva” y ahora se le llama “Dana”. Término más moderno y acorde con la moda de bautizar los fenómenos meteorológicos con nombres de persona, que queda más chic e interesante, como hacen los americanos. Y con esto, no quito importancia a la catástrofe de Valencia, ni a ningún otro desastre natural acaecido. Respeto total a las víctimas, familiares y allegados. Estos tragos son muy dolorosos. Con lo que sí que me indigno es con el aprovechamiento que, disfrazado de caridad piadosa, hacen nuestros gobernantes.

Dicho de otro modo que, tras la fatal gestión por parte de todos de la Dana de 2024 de Valencia, ahora surgen alertas amarillas, naranjas y rojas por todos lados. Se acojona literalmente a toda la población “por si acaso”. Así, dan el aviso y quedan eximidos de cualquier responsabilidad sobre lo que pueda acontecer. A partir de ahora, todo será susceptible de anunciarse.

Reconozco que hubo un fallo garrafal en el aviso de la tragedia del año pasado que costó vidas, destrozando las que no terminó llevándose. Sin duda, fue horroroso. Pero ahora nos llega actualización de emergencia 3 veces al día desde el centro de coordinación de emergencias de la Comunidad Valenciana, se cierran colegios, se cancelan citas médicas, citas de ITV… y, sin embargo, las tiendas de los autónomos siguen abiertas, los pequeños negocios siguen dando su servicio y salvando la situación, porque si no trabajan no cobran ese día, y a final de mes tienen los mismos impuestos que pagar. A los que levantan su persiana cada mañana no les protege nadie.

Pues bien, hace unos días me dio por salir a pasear aun con la alerta roja, negándome a estar recluida sin peligro aparente, como es mi forma de ser; analizo e intento entender de forma lógica todas las cosas. Y pude contemplar que la lluvia se había llevado la arena de la playa -como siempre pasa-, y las pasarelas de madera, que había causado algunos daños en mi municipio, cosa lógica con una situación de la magnitud que habíamos sufrido. Pero ya no llovía, los comercios estaban abiertos, algunos restaurantes y bares, casi nadie por la calle, todos en casa. La sensación era como cuando hay un partido importante de fútbol. Desolador.

Ya no llovía, el cielo estaba cerrado pero tranquilo, la tormenta daba un respiro. Cenamos súper bien en un restaurante amigo casi vacío en una noche del 9 de octubre, festivo en la Comunidad Valenciana. Amanece el 10 y resulta que ya me habían cancelado la cita de la ITV la jornada anterior, un día en el que no llovió nada de nada… y el sentir general era prácticamente estar recluido en casa por si acaso.

Esa es la respuesta de la ciudadanía: todos conformados con el enclaustramiento voluntario provocado a causa de las alertas. Pues yo me niego, me niego a recluirme y ser prisionera de una alerta, del miedo a la lluvia, del miedo irracional sin sentido. Entiéndase que si veo peligro me protejo también. Del miedo a las enfermedades, del miedo como arma de control poblacional incuestionable.

¡Informado al minuto!

¡Síguenos en nuestro canal de Telegram para estar al tanto de todos nuestros contenidos!

https://t.me/MinutoCrucial

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*