Vosotras, mi 8 de marzo particular

Ayer fue domingo 8 de marzo o, lo que es lo mismo: mujeres, ayer fue vuestro día. Mi manera de celebrarlo es dedicándoos estas palabras, nacidas desde lo más profundo de mi ser, con gratitud, respeto y la más sincera intención de que lleguen a todas y cada una de vosotras sin excepción.

A lo largo de la historia, y junto a los hombres, habéis sido una presencia esencial: un pilar silencioso y, al mismo tiempo, una fuerza imparable. Para muchos de nosotros, vuestra compañía significa aprendizaje, apoyo y un amor que se expresa con una sensibilidad capaz de iluminar incluso los días más grises. Poseéis la extraordinaria capacidad de comunicar con tan solo una mirada lo que otros necesitaríamos largos discursos para expresar. Sabéis acompañar, orientar y construir vínculos profundos que os convierten en amigas, compañeras, amantes y confidentes. Sin lugar a dudas, vuestra forma de amar, de cuidar y de estar en el mundo trasciende lo cotidiano, dejando en nosotros una huella que perdura para siempre.

Habéis sostenido familias en el pasado y también lo hacéis en el presente; habéis impulsado cambios, abierto caminos y transformado sociedades enteras, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecíais. Y, aun así, continuáis adelante con una fortaleza que inspira, enfrentando la vida con valor, coraje y determinación. No porque se os exija ser fuertes, sino porque vuestra esencia combina ternura, determinación, calma, valentía, sensibilidad y firmeza. Por eso sois las mejores para estar a nuestro lado.

Como cualquier ser humano, tenéis imperfecciones, al igual que los hombres. Pero en esta ocasión no toca hablar de defectos, sino de virtudes, reconociendo vuestro papel imprescindible en nuestra vida: seáis madres, hijas, hermanas, esposas, amigas, tías o compañeras de vida. En el día de hoy debéis sentiros especiales, porque lo sois… y mucho. Os lo dice un escritor que, en su faceta más literaria, escribe para vosotras novelas capaces de tocar vuestras fibras, vuestros instintos y, sobre todo, vuestro corazón.

Existen colectivos que pretenden distorsionar vuestra imagen, pero hoy no: me niego a dedicarles espacio. Prefiero dirigir estas palabras a quienes actuáis con integridad, a quienes construís, desde la autenticidad y la honestidad, los puentes que permitan que hombres y mujeres convivamos en un mundo mucho más justo. Las mujeres buenas sois maravillosas: las que, incluso en la adversidad, nunca dejáis de sonreír. A vosotras os corresponde ser el centro de este día… y mucho más.

Para este hombre, amante de la pluma y del periodismo desde su niñez, sois su 8 de marzo particular: mujeres a quienes siempre consideraré necesario apoyar, respetar y acompañar. Contribuís a que la vida avance, a que la sociedad progrese y también a que nuestra existencia transcurra viento en popa, porque vuestra presencia ayuda a calmar las aguas. Un hombre sin una mujer a su lado puede ser tan vulnerable como una persona perdida en un desierto, condenada a morir deshidratada. ¡Nos necesitamos!

En definitiva, solo me queda desearos lo mejor después de haber vivido un Día Internacional de la Mujer tan especial, especialmente a todas las que habéis dedicado unos minutos a leerme. Sois vosotras quienes merecéis el mensaje más hermoso que pueda expresarse. Espero que hayáis celebrado el día con la intensidad que merece y con la certeza de que vuestra presencia en el mundo es, para nosotros los hombres, un regalo invaluable.

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