
A partir de hoy, el Congreso de los Diputados, gracias a las políticas “feministas” impulsadas por Sumar y el PSOE, pasará a denominarse simplemente “Congreso”. No, no se trata de una broma. A Pedro Sánchez y sus apóstoles sanchistas se les ha ocurrido la genial idea de eliminar el “de los Diputados” con el objetivo de desviar la atención de los numerosos casos de corrupción que salpican a su partido. Increíble, pero cierto: tonterías como esta solo ocurren en España.
Supongo que medidas como la de cambiarle el nombre al Congreso de los Diputados contribuirán a abaratar la cesta de la compra y a mejorar la calidad del empleo. Todo sea para que nadie pase penurias en la calle y las familias españolas no tengan que sudar tinta china para llegar a fin de mes. Es lo que tiene el autodenominado Gobierno más feminista de la historia que, como de costumbre, todo lo hace con su correspondiente dosis de perspectiva de género. ¡Eso sí, que no falten los okupas!
Recuerdo, en mis tiempos de mozo con las hormonas revolucionadas, haber ido con mis padres a Bilbao y, en una de aquellas escapadas, entrar en una sala llamada Congreso. Desconozco si aún sigue en pie, pero, de ser así, seguro que no tiene nada que envidiar al que se encuentra en la calle Carrera de San Jerónimo, en Madrid. La única diferencia, eso sí, es que en aquella sala vizcaína cada uno pagaba su entrada, mientras que el sueldo de los pájaros del Congreso de los Diputados, perdón, del Congreso a secas, lo pagamos todos.
El feminismo que impulsa este Gobierno perjudica seriamente a la salud, porque sus chorradas nos cuestan un potosí al común de los españoles -a todos, todas y todes- todo ello con perspectiva de género. A eso hay que sumarle que contribuyen a dividirnos y a crear un ambiente beligerante, ya que buscan enfrentar a hombres contra mujeres, trabajadores contra empresarios, o ricos contra pobres. Políticas que fomentan ese tipo de filosofías no deberían gobernar un país tan importante como el nuestro.
Queridos lectores de Minuto Crucial, lo que voy a decir ahora no está cargado de humor, sino que es una verdad que deambula por mi mente en este preciso momento. Soy de los que piensan que un alto porcentaje de nuestra clase política merece ir al paro, y no por azar, sino por pura incompetencia en el desempeño de sus funciones. Su escaso miramiento hacia los ciudadanos y la forma en que se ríen en nuestra cara deberían pasarles factura. Porque, a diferencia de ellos, que tienen el jornal asegurado pase lo que pase, los demás dependemos de cómo vaya la vida y, desgraciadamente, la cosa pinta bastos.
Para terminar, solo me queda decir: ¡Viva España, carajo!, y gracias a toda esa gente que vive en nuestro país y no comulga con las políticas de este Gobierno tan “feminista”; a todos aquellos que, con su esfuerzo diario y sus profesiones -ya sean trabajadores de a pie o autónomos-, permiten que, dentro de lo malo, la cosa no vaya aún peor. Mi mayor admiración, junto a la reverencia más sincera, va para vosotros. Chapeau.






Es que lo de diputadas les recordaba algo