
Tendría unos dieciocho o diecinueve años cuando, estando en Madrid, en torno a unas jornadas de marcado carácter político, un amigo de avanzada edad me advertía sobre el cuidado que debía tener con un político en cuestión del ámbito europeo. Decía mi amigo, ya por desgracia desaparecido, que gustaba al Excmo. Sr. llevarse a jovencitos a su casa para luego intentar llevárselos a su terreno, persuadiéndolos para poder tener sexo con ellos, en escenas que acababan en situaciones en las que el cuero, los látigos y otros instrumentos sadomasoquistas cobraban un gran protagonismo. Como botón les puedo confirmar que la persona a la que se refería me pasó en un papel su dirección y su teléfono para que lo llamara y vernos. Evidentemente, no caí en el anzuelo y este pez se volvió a Córdoba tal y como había navegado hasta Madrid.
Estos días no deja de hablarse de las escenas, la mayoría sumamente grotescas, conociendo el perfil del personaje, en las que presuntamente el ya ex diputado y ex portavoz de SUMAR, y antes de PODEMOS, daba un trato vejatorio a las mujeres a las que pretendía sumir en escenas de dominación. También se ha hablado del mal trato presuntamente dado a sus ex parejas, aunque esto no ha calado tanto como el morbo de lo oculto y oscuro, de lo sexualmente perverso. Y, entre dichos y diretes, unos, unas y unes, no han dejado de abrir la boca para escurrir bultos, para negar, para lamentar y para valerse de esta situación para arreciar más contra el género masculino, generalizando acciones que no son propias ni de hombres ni del género humano, sino de depravados, más que nada por el hecho de intentar forzar estas situaciones sin el consentimiento ajeno.
Si es verdad que lo que ha terminado por representar este hecho, o de confirmarlo con luminosos ante la opinión pública, es que los maltratadores no tienen ADN de derechas ni de izquierdas, y que los discursos motivacionales de demasiadas personas en el mundo no se reflejan, en absoluto, en sus propias vidas. Y sí, podríamos hacer referencia a muchos mandatarios de izquierda que son más ricos que la mayoría a los que rechazan por serlos gracias, en muchos casos, no precisamente al desempeño de su deber político. Pero eso es otra historia.
Lo que sí me sorprende sobremanera es cómo en el ámbito del periodismo se ha mostrado una sorpresa tan mayúscula, cuando todos sabemos más por lo que callamos que por lo que decimos y los rumores, la mayoría de los cuáles se terminan confirmando, no dejan precisamente a la clase política en demasiado buen lugar en la mayoría de los aspectos, incluido el sexual, el del trato a otras personas, independientemente del género, o en el consumo de “sustancias” como les gusta a los medios llamar a las drogas cuando se habla de señorías.
Que el caso de Errejón no es único ni extraordinario lo sabemos casi todos, lo admitimos unos cuantos y, llegados a este punto, lo decimos muy muy pocos. Verán, les decía que el maltrato o la violencia sexual no tiene un ADN ideológico, algo absolutamente cierto, pero sí está estrechamente relacionado con el poder. Esa imagen que acompaña en la Historia al emperador romano Nerón observando, con su lira, cómo ardía la ciudad de ROMA en un incendio que él mismo ordenó es la pura imagen de la realidad que conlleva la sunción de un poder sin la capacidad de digerirlo. En ocasiones, el poder es cierto que no se tiene, pero se interpreta en esas conductas el hecho de conseguirlo mediante el sometimiento y el desprecio de otras personas. Sí, porque otro de los elementos anexos al poder en estos asuntos es el del complejo de quién lo ejerce. Su necesidad de demostrarse y demostrar a los demás una superioridad que no se encuentra en otros aspectos de su vida, bien sean físicos o de carácter intelectual o de logros en sus ambiciones.
Errejón siempre fue un segundón, un aguililla que sabía que con un buen discurso y su cara aniñada podía convencer a cualquiera de que era una buena persona. Y no digo que en otros términos pudiera demostrarlo, pero la política terminó sacando lo peor de él, la necesidad de dominio. Pasó de ser el segundón de Iglesias a serlo de la antónima de Paz Padilla, rubia, y sin gracia. Creo que este paso pudo ser el detonante final de lo ocurrido a un chico al que despreciaron por su físico aniñado en demasiadas ocasiones, un chico que nunca se sintió con un perfil físico capaz de conquistar a las mujeres que sí le gustaban. Un hombre que terminó, por segunda vez, defenestrado a un segundo plano pero, en esta ocasión, por una mujer.
Pero oigan, que esto que les cuento no es algo aislado, insisto. El poder es complicado de llevar, más aún cuando los que llegan se dan cuenta de que es algo limitado. Aquellos que son capaces de cualquier cosa, que pisan, arrastran, mienten y chantajean lo que sea necesario para ir en una lista electoral con posibles, que llega a conseguir un escaño y, con suerte, un puestecito relevante, no se va a conformar con las migajas que el sistema da como premio al trabajo de un diputado. Por supuesto, digo miajas desde la perspectiva de la ambición, no de la realidad. Así, Ábalos, que también ejerció un tipo de poder, el económico, sobre una presunta prostituta a la que presuntamente pagó un piso, viajes, o colocaciones en los ministerios, y los que vengan, son más y más ejemplos de un fallo en el sistema que impide que personas que no saben entender el fin de la política y cómo realmente debe funcionar un país democrático, puedan acceder a simular representar a la ciudadanía, cuando en el fondo lo único que buscan es su gloria y poder. Algunos, ya lo sabemos, psicópatas de libro.
Respecto a la repercusión de todo esto, no se crean que a Sánchez y al PSOE les ha caído una losa encima, ni mucho menos. Tras las palabras de apoyo a la formación SUMAR se esconde la sonrisa de aquellos que han conseguido desviar por unos días, al menos, la atención sobre el caso Koldo, el caso Begoña Gómez, los presupuestos, o las negociaciones en Ginebra con el huido Puigdemont, con más cesiones para garantizar la legislatura. Ya sabemos lo teatrero que es el catalán y necesita montar la obra de teatro que lo devuelva al liderazgo de su partido. Ya veremos la obra, próximamente, en las mejores de las salas del país, el Congreso y el Senado. Ah, y el PSOE se beneficiará de los votos que pierda SUMAR, algunos de los cuáles, no creo que muchos, irán a PODEMOS, y en menos de dos o tres meses ya pocos se acordarán de la intensidad con la que estamos viviendo estos días el “caso Errejón”.
Lo cierto es que la semana pasada titulé mi artículo como “Amistades Peligrosas” y hoy me veo en la obligación de hacerlo como el título de otro film, “Sexo, mentiras y cintas de video”… o audios. Ni la Inteligencia Artificial hubiese imaginado un escenario de la política española tan dantesco.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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