Nada es lo que parece, porque nada parece

La Revolución Francesa iniciada en 1789 tuvo sus orígenes en una grave crisis en las cosechas, que se unió a un altísimo grado de deuda del Estado francés por su intervención en contiendas bélicas, y por la herencia de privilegios de una nobleza que no escatimaba en gastos y opulencia mientras que el pueblo apenas tenía qué llevarse a la boca. De esa Revolución nació la República francesa y, la proclamación de los Derechos del Hombre una democracia que inspiraría al resto de los países del mundo, iniciando la era política moderna.

De la inspiración reflejada en el cuadro de Delacroix de 1830, La Libertad guiando al pueblo, surgieron una nueva sociedad y unos nuevos roles sociales. Desaparecieron las clases divididas entre nobleza, clero y Tercer Estado, o pueblo llano, y surgió una burguesía que recuperó el poder económico y dinamizó los resortes de una Francia que salió sumamente fortalecida.

En España, presuntamente, no contamos con clase privilegiada de consenso. Mientras que la izquierda acusa, precisamente a la burguesía de ser la que acapara la riqueza y el poder económico, la derecha acusa a los partidos de izquierda de utilizar la política para enriquecerse. Y, a tenor de lo que se va sabiendo, en demasiadas ocasiones parece ser que de forma ilícita, sin escrúpulos, y desafiando las propias convicciones de las que siempre quieren presumir. Ya sabemos lo que sobre esto dice el refrán.

Por otra parte, tampoco podemos ignorar que la situación económica de los hogares es cada vez más agónica, en un escenario en el que el Gobierno no ha parado de aumentar el gasto social, pero especialmente en pro de ayudar a personas que han entrado en el país de forma irregular, lo que provoca un profundo rechazo, más en esta situación, por las consecuencias que está teniendo en la subida de impuestos y en los recortes visibles en servicios públicos, como el de ferrocarriles, o la falta de apoyo a una sanidad pública que se tiene que sostener con los mismos principios económicos de hace años, mientras que se aumenta el derecho de atención a estas personas.

Todo, absolutamente todo, parece ir dirigido más que a una estrategia fiel a ninguno de los principios que la misma izquierda parece vulnerar continuamente, sino a garantizar el voto a estas formaciones, a la vez que a un enfrentamiento continuo con la oposición, contra la que se hace de continuo campaña de desprestigio y humillación, con términos tales como fachas, ultraderecha… porque todo lo que no les de la razón o suponga un apoyo a su continuidad es, directamente, calificado como fascista.

El problema para ellos es que cada vez más votantes de toda la vida de sus partidos están despertando a una imposición y a una visión de las cosas que no concuerdan. La gente se siente defraudada. ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? Esa es la pregunta. Mientras que la izquierda, en sus poltronas políticas, con sus puertas giratorias, con sus puestos a dedo, con sus designaciones de puestos de responsabilidad o de confianza, no dejan de dar de comer a sus fieles, probando en gran parte de las ocasiones la ineficacia de estos nombramientos, y la idoneidad puesta más en el seguidismo y en la defensa férrea de los intereses de partido y propios, con asignaciones que ningún currante de bien llega a cobrar a finales de mes en este país, la ciudadanía no deja de pagar más y más impuestos, ve como la deuda no deja de incrementarse y no reciben la contraprestación que se esperaría de sus aportaciones al Estado.

Y ahora llega una guerra en la que, curiosamente, el PSOE y sus socios dicen no, como ya lo hicieran en la era Zapatero, conociendo cómo en aquellos momentos esta decisión les rentó en las urnas. Pero, sin embargo, los momentos en los que esto sucedió para el país y para los partidos es completamente distinta. La confiabilidad del Gobierno está en datos mínimos. Las personas trabajadoras cada vez más decepcionadas de la parte de «obrero» del partido de los que viven más que holgadamente, de lujos, incluidos viajes, gastos, casas… mientras que los sueldos se mantienen muy por debajo de la subida del nivel de vida.

Los jóvenes y los no tan jóvenes no encuentran el momento de independizarse porque los precios de las viviendas están por las nubes y, mientras tanto, muchos propietarios ven como sus casas son ocupadas con el beneplácito de un Gobierno que antepone el derecho a una vivienda de la que es responsable de ofrecer, viviendas sociales, mientras que ignora el derecho a la propiedad privada, y para ello se impone un disfraz de solemnidad tan incoherente como decir que las mujeres tienen el derecho de abortar porque sobre su cuerpo deciden pero se las quiere negar la opción de elegir prostituirse por propia voluntad y, sin embargo, algunos de ellos parece ser que no se cortaron de contratarlas pagando sus servicios con dinero público.

Al final, el mensaje no es otro que de un totalitarismo que cada vez son menos los que lo compran. No, los derechos no existen, sino que los derechos son aquellos que ellos quieren que sean y se interpretan como ellos deciden que deben interpretarse. Una torticera forma de hacer lo que les da la real gana y justificarlo bajo paradigmas aparentemente lógicos pero con una profundidad de incoherencia y sin sentido real que, para quienes analizamos aspectos económicos, políticos y sociales desde la más estricta independencia, nos asusta soberanamente.

El no a la guerra no es sino coyuntural, porque están convencidos de que les beneficia electoralmente, y porque saben que, de meterse de lleno en ella, no sólo no les traería ningún beneficio sino que supondría un mayor endeudamiento que tendría consecuencias nefastas y aceleraría el final de su mandato. Estoy completamente seguro de que si en vez de Trump hubiese sido Putin o el Rey de Marruecos, estarían tan encantados o tan callados como lo han estado, haciendo el mínimo paripé, con lo de la invasión y la guerra en Ucrania. ¿Para Ucrania no hubo concentraciones ni manifestaciones de condena ni no a la guerra, siendo un país europeo, democrático, aliado, mientras que cuando lo mismo sucede en un país tiránico, en el que se ejerce la persecución religiosa, se ningunea y se coarta toda libertad a las mujeres, que junto a homosexuales se asesinan si suponen un problema para el régimen?

¿Realmente nadie es capaz de ver la gravedad de que un señor como Pablo Iglesias, líder de un partido de ultra izquierda y que llegó a ser Vicepresidente del Gobierno, hubiese trabajado, cobrado y facturado de un régimen como el de Irán? Pues les recuerdo que en sus programas exigía a las mujeres que se taparan. Sí, que se cubrieran, como los integristas hacen cuando obligan a cubrirse el pelo y la cara, que se taparan para que no se les viera nada el pecho y ni siquiera los brazos. ¿Es ese el precio que es capaz de pagar un ultra izquierdista autodenominado feminista? ¿Es ese el feminismo que representa a la izquierda y que vio en él un líder?

Por eso les digo que la democracia en nuestro país ha llegado a un grado de adulteración que asusta pensar qué podrán hacer con esa herramienta anunciada por Sánchez, la de Hodio. Aunque, simplemente observando lo que hacen con las encuestas pagadas con todos nuestros bolsillos, las del CIS, ya nos podremos hacer una idea. Sánchez está preparando las elecciones del año que viene, con la tranquilidad de quién cuando sale un agujero en el barco, le pone un parche, y sigue navegando sin rumbo mientras un pueblo esclavizado en la imposición de las nuevas normas y obligaciones, en el pago continuo de impuestos y en el sometimiento a lo que ellos designen, hace el trabajo real con los remos.

La guerra de Irán no sólo ha supuesto todo un escenario idílico para Sánchez y los suyos, que desvía en parte la atención a sus escándalos, sino que, además, está sirviendo de soporte a su tradicional división entre buenos, ellos, y malos, los que no son ellos. Esto no se veía en ningún país desde hace años, en la Venezuela de Maduro. Y si no, que se lo pregunten a Zapatero, que miren como, por lo visto, mandaba callar a las madres para que no se quejaran del apresamiento injusto de sus hijos por el Estado bolivariano.

Dime de qué presumes y te diré de lo que careces. Lo cierto es que, o acabamos pronto en elecciones o, como la cosa se recrudezca, mucho me temo que nos vamos a ver en un 1789 francés, cuando esto ya no haya quién lo soporte, ni siquiera los que vinieron de fuera, de forma irregular, buscando una vida mucho mejor y encontrándose a lo que estamos llegando.

¡Informado al minuto!

¡Síguenos en nuestro canal de Telegram para estar al tanto de todos nuestros contenidos!

https://t.me/MinutoCrucial

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*