Pedrofilia

La pedrofilia es una dolencia del alma. En realidad no, no seré tan categórico. Más bien es una condición; viene a ser ese cortejo de argumentos, síntomas y motivaciones que llevan al personal a apoyar, por activa o por pasiva, el nacionalpedrismo.

Al igual que en la cadena trófica, en esa epidemia existe una pirámide de castas. Hay pedrófilos de primera y de cuarta. Y así, en el primer puesto tenemos a sus primeras espadas, a su consejo de ministros y asesores, los presentes y los pretéritos. Su perfil y potencial es fuerte, su lealtad no tanto. En esta primera alcurnia hacen podio su guardia pretoriana, ahora repudiados, pero aquellos que en su día eran canonizados desde todos los sectores de la pedrada sanchista. Gente con poco empaque intelectual, pero con un tren de vida que incluía (presuntamente) mercenarias del amor, polvitos de la risa, inmuebles de lujo, mordidas y vehículos de alta gama. La clase de logreros que te facilitan (presuntamente) la entrada de la vicepresidenta de un narco régimen en Barajas para mover mercancías ignotas.

Estos están tan cercanos en privilegios a la propia familia de Periquete. Manejaron durante años una pátina de inmunidad similar a la de Begoña o la del maestro Azagra, sobre los cuales pesa la fundada sospecha de la comisión de variados delitos, pero su fidelidad es algo más laxa. Cuando Pedro les niega el saludo, les empieza a faltar el oxígeno y llegan a tratos con tal de evitar el talego. Eso explica que ciertos whatsApps se hagan públicos con facilidad sin que nadie interponga querellas por revelar secretos.

Sigamos. A continuación, socios de gobierno e investidura ante los que Pedro vive genuflexo. Aquí entran desde los deudos de la violencia abertzale, la derecha nacionalista catalana, el Groucho-marxismo de Pablo Iglesias y Yolanda y hasta los herederos de Sabino Arana ¡Menuda izquierda! Pedro fue capaz de reformar el Código Penal para aligerar las penas de cárcel a los violadores con tal de no soliviantar a sus compadres de coalición. Eso es compromiso y lo demás son pendejadas.

Aquellos que le dieron su placet en las elecciones de 2023 tienen intención de exprimirle como una chufa el tiempo que sea menester. Y así Pedro aprueba amnistías, leyes de memoria desmemoriada, indultos, regalías y pollas en vinagre de Módena si hace falta. Es este un amor espurio, pero igual parecen quererle, salvo los de morado, que tras haber disfrutado de sus cortijos ahora apostatan de Pedro. ¿No será que a esa izquierda más a la izquierda ahora le renta más que gobierne su temida ultraderecha?

En la siguiente casta se dan cita todo tipo de concubinas mediáticas, mercenarios del tubo, bienpagás, gafastosos y onlyfaneras. También andan fuertes, pero su lealtad tiene sus fisuras. También el pecunio es lo que les hace fieles a los designios del Sanchísimo. Tenemos desde contratos millonarios en los medios públicos y privados hasta tolais con ínfulas recibiendo tela con tal de publicar un minutito de sabiduría pro-sanchista en Instagram. Fieles a la máxima de Goebbels: repite y repite una trola hasta que suene verídica. Algunos de estos también habrían puesto la mano en el fuego por toda la familia socialista. ¡Qué digo! habrían metido hasta la chorra en la airfryer, pero empiezan a abandonar el barco como ratas.

En el último peldaño de esta recua se encuentra el grupo más numeroso. Legiones y legiones de mendrugos que, sin tener nada que ganar con Pedro en la poltrona, pestañean, mean y rebuznan al unísono según el guion que se marque desde Moncloa. Son como los tercios de Flandes, pero en botarate. Dispuestos a dar la vida sin entender muy bien el porqué. Es que son de izquierdas y eso, al parecer, implica validar a un trilero.

A estos últimos no hay ni que pagarlos. Son la milicia del Nacionalprogresismo, la clase de demente gregario que piensa que con su voto o con un tuit te está librando del advenimiento del cuarto Reich. Esta tropa de jenízaros aborregados, esta suerte de héroes anónimos, son los más fieles. Podrían ver a Peter devorando un feto en mitad de Chamberí y concluirían que el feto se lo ha buscado.

Si usted está leyendo esto y de algún modo esto le ofende, tal vez sea usted otro severo caso de pedrofilia. Más aún, tal vez usted se encuentre en la base de esta pirámide de estamentos. ¿Anda usted validando en sus redes a gente que en lo ético rivaliza con morfinómanos y hampones? ¿Y lo hace gratis? Hágaselo mirar.

La pedrofilia parecía una suerte de enfermedad de Venus, una enfermedad venérea, un pecadillo liviano. Ahora empieza a apestar a lupanar y metástasis. Y algunos pedrófilos -cómo no- ya se dan el piro, porque Peter, a este paso, parece que no va a conocer a Dios.

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