
Queridos amigos de Minuto Crucial, en circunstancias normales os diría que es un placer regresar a este humilde digital en una nueva temporada para, a continuación, comenzar opinando sobre la Liga, la Champions, o quizás sobre el Balón de Oro o la guerra televisiva del baloncesto.
Sin embargo, lo que se ha dado en el mundo del deporte es de auténtica vergüenza nacional. Por tanto, sin que sirva de precedente, queridos lectores, voy a lanzar tres advertencias antes de iniciar con el artículo de opinión: espero que sea la última vez que tenga que tratar sobre asuntos políticos, también la última en la que utilice términos no deportivos y, sin importar lo que piense el prójimo… ¡Vamos allá!
El motivo de estas líneas se remonta a hace unos días. Para ser exactos, a lo que debía ser la gran fiesta del ciclismo nacional: la Vuelta Ciclista a España. Honestamente, he querido tomarme un tiempo antes de hablar sobre lo acontecido en este evento: primero, por no ser grotesco; segundo, por escuchar las mayores opiniones posibles; y tercero -la que me ha llevado a escribir estas líneas-, la del embajador de la Vuelta a España, Óscar Pereiro.
Vaya por delante que, al igual que mucha gente, estoy en contra de las guerras, especialmente cuando se llevan a niños por delante y, obviamente, que estoy en contra del conflicto ocurrido en Gaza. Mi opinión es clara a este respecto y la voy a dejar plasmada: viéndolo desde fuera -lo cual me resta mucho interés-, considero que no hay ningún genocidio, sino que hay una respuesta contundente y masacrante de un país llamado Israel a un grupo terrorista -Hamás- que invadió su espacio y que, posteriormente, ha usado como escudo humano al pueblo gazatí y al cisjordano.
No obstante, sigo sin entender varias cosas. Para el que no lo sepa, la Vuelta a España es una competición ciclista privada, pero recibe muchas subvenciones, siendo algunas directas del Gobierno de España. Lo que han tenido que pasar los ciclistas y los trabajadores de la Vuelta resulta tan vergonzoso como surrealista: una horrible imagen de España a nivel mundial. Óscar Pereiro no tiene por qué aguantar que se le insulte delante de sus hijos, ni que se le tilde de “genocida”. La Vuelta está obligada a admitir al equipo Israel Premier Tech por mérito deportivo. De hecho, han ganado etapas en nuestra competición por excelencia y en la Vuelta a Galicia. Solo el COI o la UCI pueden excluirlos.
Volviendo a los acontecimientos, quiero haceros la siguiente pregunta: ¿qué hubiera pasado si hubiera fallecido algún ciclista en los altercados? Javier Romo, ciclista del Movistar -no de Israel Premier Tech-, ha tenido que retirarse por causa de lesiones sufridas en una caída provocada por un energúmeno activista. Y si hubiera fallecido, ¿habría sido considerada una protesta pacífica? El grueso de los detenidos en Madrid eran miembros de la kale borroka y yihadistas, según apuntan unos cuantos medios. ¿Eso es el pueblo español? ¡El pueblo español es mucho más pacífico y pacifista que lo que sus dirigentes serán jamás!
Relacionado con este asunto, tenemos a una clase política sinvergüenza disfrazada de oradores de pacotilla, capaces de todo menos de solucionar los problemas de nuestro país; personajes dantescos como las podemitas Irene Montero o Ione Belarra, que han pertenecido al Gobierno soltando barbaridades sobre que si no se paraba la carrera. ¿Esa es la imagen de la diplomacia española? No tienen la más mínima dignidad ni vergüenza.
Y ahora toca mi parte favorita: la de perder la cabeza: la hipocresía. Se trata de una especialidad de los políticos, sobre todo en la izquierda española. Pero ver al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alentando episodios cuando 22 policías terminaron heridos en Madrid, es algo más allá que una actitud reprochable, un motivo más que suficiente como para dimitir.
Bajo mi punto de vista, considero que a nuestro presidente se la trae al pairo el conflicto de Gaza, pero es su manera fácil de sacar tajada de la situación y poner una buena cortina de humo para tapar los escándalos de su partido y familiares. Me gustaría verlo igual de contundente con la corrupción de todo tipo, la que le salpica de cerca, y también con la hipocresía que tienen con su feminismo, con los asuntos de la sauna de su suegro, con las pulseras antimaltrato de Aliexpress y demás. También mojándose en otros asuntos como Rusia o Maduro.
Pero que nadie se preocupe, nuestro querido presidente ha encontrado la solución al conflicto en Gaza. Falconetti ha dado en el clavo. La solución no es otra que… no presentarse a Eurovisión y pedir que Israel no participe en competiciones internacionales deportivas. ¿En serio? Pedro, eres un auténtico felón y de lo más incompetente que puede existir.
Honestamente, pienso que Eurovisión no le importa a nadie. Los de este gobierno, este mismo año, ya perjudicaron a la propia Melody y con el resto de competiciones no tienen la osadía de actuar. ¿Por qué no han tratado de impedir la participación de España en el Mundial de Atletismo, de fútbol o de los equipos españoles de esta misma modalidad, o incluso de baloncesto? Y, ¿qué sucederá si Alcaraz se enfrenta a un israelí en Roland Garros 2025? ¿Serían capaces de vetarlo? Este Gobierno terminal carece de escrúpulos.
Quiero lanzar un pequeño paréntesis antes de concluir. A mí me da igual lo que haga la Comunidad de Madrid con sus distinciones, pero me parece fenomenal que las próximas se centren en la Vuelta a España. Los ciclistas no merecen celebrar sus éxitos en un parking de hotel, con un telón improvisado, subidos en tres neveras mal pintadas. Son profesionales y merecen el mayor de los respetos.
En definitiva, somos víctimas de un gobierno más centrado en tapar sus vergüenzas que en defender ninguna causa justa. Más preocupados de mantener a las Santaolalla y Miró de turno que en proteger a sus ciudadanos. Maldigo a esos traidores y cobardes que no hacen correctamente su trabajo. Este gobierno no merece disfrutar del gran nivel de deporte que tenemos en España. Está por encima de su dignidad, si es que en algún momento la han tenido.






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