En ocasiones veo leyes

Este artículo recoge mi experiencia en torno al mundo del Derecho: una ciencia social tan interesante como amplia y bonita, que ha tenido y tiene un gran peso en mi vida, tanto personal como académica. Mi intención no es sentar cátedra ni dar una master class propia de un jurista profesional; más que nada, porque no lo soy. Actualmente solo soy un estudiante de Derecho al que le apasiona la materia e intenta labrarse un futuro profesional relacionado con dicha disciplina en el ámbito privado.

Quiero con estas líneas homenajear a todas las personas que me han introducido en ella. Mi primera experiencia con el Derecho fue, como la de casi todo el mundo, cuando mis padres decidieron ponerme nombre; dicha elección guarda relación tanto con el Derecho Civil como con el Canónico (aunque no sean equiparables ya que la ley del Registro Civil tiene primacía sobre la tradición iniciática cristiana), manifestándose el primero con mi inscripción en el Registro Civil y el segundo con mi bautizo. En España, la religión mayoritaria es el catolicismo; por lo tanto, la mayoría de nuestras tradiciones tienen esa misma raíz cristiana. El Derecho Canónico, por consiguiente, es la expresión jurisdiccional de la Iglesia Católica.

A medida que iba creciendo, me fue interesando sobre todo la política, ciencia que guarda una estrecha relación con el Derecho en sí. En mi opinión, todos los juristas deben conocer la política y las instituciones, principalmente para solventar sus propios problemas, pero también los de sus clientes. No obstante, hay que tener una gran amplitud de miras en muchos temas para comprender el porqué de las cosas y así, como he dicho, resolver conflictos. Una de las primeras cosas que te dicen, tanto cuando opositas como cuando te matriculas en un grado de Derecho o similar, es que casi el 100% de las veces tu trabajo consistirá en atender litigios ajenos. Por eso, debemos conocer multitud de temas sociales, culturales o económicos (¡bendita condena!).

El Derecho Administrativo es otra faceta que he vivido, al menos desde la teoría, en el estudio de oposiciones. Últimamente, la Administración se está digitalizando y democratizando; sin embargo, hasta hace unos años, antes de la llegada de Internet y de la transparencia que hoy empieza a vislumbrarse, el Estado era lo más parecido a la parodia que crearon Goscinny y Uderzo en la película Las doce pruebas de Astérix. En la escena denominada “La casa que enloquece”, realizaron una crítica brutal a la burocracia, al enchufismo y al sinsentido de formalidades y plazos que puede llegar a suponer la Administración Pública: un auténtico calvario para el ciudadano.

Aunque actualmente queda mucho camino para que la gestión pública sea perfecta, considero que hoy existen pilares que aportan más de lo que restan. No obstante, la accesibilidad para las personas mayores y la lucha contra lo que hoy conocemos como edadismo son vitales para acercar de verdad la Administración a todos los ciudadanos, sin exclusiones.

Respecto al Derecho Penal y Penitenciario, cuento con nociones sólidas debido también a mi etapa de opositor. Considero que en España existe un régimen procesal-penal y, por extensión, penitenciario, plenamente garantista; ya que los derechos y libertades de los que gozamos actualmente se adhieren a los tratados internacionales y las organizaciones de Derechos Humanos de las que el Reino de España forma parte. Estos marcos han servido, al menos, para dignificar tanto la situación de las personas privadas de libertad como las condiciones laborales de los funcionarios policiales y penitenciarios.

Sin embargo, todavía es necesaria una equiparación salarial digna para los funcionarios de la Administración General del Estado con respecto a los de las Comunidades Autónomas. Tanto la Policía Nacional y la Guardia Civil como los funcionarios de Instituciones Penitenciarias merecen un mayor respaldo y respeto por parte de las autoridades gubernativas y parlamentarias.

Me gustaría añadir también que el Derecho Constitucional y el Derecho de la Unión Europea son temas troncales en la vida diaria del ciudadano y del jurista, en nuestro caso, español. Es más, considero que la Constitución y el Derecho Comunitario debería impartirse en el sistema educativo de nuestro país. Mi intención no sería asimilar dichas normas como dogmas, sino que su estudio sea una excusa para generar debate y conocimiento en la juventud. Esta propuesta nace partiendo de que la Constitución del 78 no es ideológica o militante, sino de consenso, a diferencia de la Ley Fundamental de Bonn alemana.

De la Constitución potenciaría la importancia del referéndum vinculante en aras de una democracia más directa. Mediante la reforma de esa herramienta político-jurídica, los ciudadanos podrían tener más participación en la toma de decisiones y que se desinflame la burocratización política que todavía lastra España. En la Unión Europea también existe el pecado administrativo de la burocratización, quizá una Europa menos regularizada y más sensata (por ejemplo, en materia energética o migratoria) ganaría más adeptos, en vez de levantar tantas suspicacias, fobias y escepticismo.

Por ir resumiendo, estudiar esta ciencia me parece una aventura excepcional, pero requiere mucha dedicación y comprensión; por eso, es fundamental saber acercarla al pueblo llano. Todo el mundo está sometido, por ejemplo, a enfrentarse a contratos mercantiles, laborales o, incluso, administrativos con el sector público. Se necesita mucha pedagogía para demostrar que verdaderamente importa, pero una vez conseguido, la satisfacción es enorme. Tanto es así que uno acaba descubriendo manuales monográficos hasta de Derecho Fallero: sí, las normas administrativas y consuetudinarias que rigen las fiestas josefinas de Valencia. “En ocasiones veo leyes”, esa es mi mentalidad una vez me he empapado vitalmente de tanto Derecho.

El Derecho es una disciplina viva, amplia y transversal que nos acompaña desde antes del nacimiento (nasciturus) hasta, incluso, después del fallecimiento, con la ley de sucesiones y donaciones (aunque realmente la personalidad física se extinga con la muerte). Se va transformando con el tiempo: la ley evoluciona a medida que lo hace la sociedad. En definitiva, es una materia multidisciplinar que nos afecta en la práctica totalidad de las facetas de nuestra vida cotidiana.

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