
El Premio Planeta siempre ha sido un escaparate. Este año, el galardón recayó en Juan del Val por Vera, una historia de amor. Una novela que, según el jurado, se alza como testimonio literario de nuestros tiempos. Y, sin embargo, la pregunta flota en el aire con la misma insistencia de siempre: ¿estamos premiando la literatura o celebrando la maquinaria de marketing más grande del sector editorial en español?
No me malinterpreten: no digo que Juan del Val no lo merezca. Nadie se atrevería a negar su soltura narrativa ni su instinto mediático. Pero la duda está en el decorado. Se presentaron más de 1.200 manuscritos -un océano de voces anónimas- y el resultado acaba, como tantas veces, en un nombre ya conocido, con cara reconocible en las sobremesas televisivas. ¿Casualidad o jugada segura?
Lo cierto es que el Premio Planeta ha sido, históricamente, una mezcla de literatura y espectáculo. Basta recordar ganadores anteriores: Carmen Mola, con su polémica identidad triple, que parecía más un experimento editorial que un secreto guardado; Javier Sierra, que supo explotar como nadie el género histórico-esotérico; o Fernando Aramburu. Su novela Patria no ganó el Planeta, pero se convirtió en fenómeno social y mediático, mostrando que un autor con reconocimiento puede arrastrar titulares, ventas y debates públicos, un patrón que refleja cómo el Planeta mezcla literatura y espectáculo. Todos ellos, escritores con talento, sí, pero también nombres que aseguraban titulares.
Y ahí está el asunto: ¿gana la literatura o gana la industria? Porque, en el mundo Planeta, los beneficios editoriales se cuentan con cifras astronómicas y los focos pesan tanto como los párrafos. El jurado -una institución en sí misma, respetable, pero difícil de disociar de la propia editorial que organiza el premio- parece escoger cada año con la mirada puesta tanto en la obra como en su potencial de venta.
El lector, mientras tanto, queda atrapado en la duda. ¿Debe celebrar que un libro de amor, cercano, reconocible y emocional, ocupe las estanterías más visibles? ¿O debe sospechar que la literatura se viste de gala para salir en las fotos y reforzar el balance de fin de año? Quizás la respuesta esté en aceptar que el Premio Planeta no solo premia una novela: premia un producto cultural listo para circular por platós, escaparates y redes sociales. Y eso no es necesariamente malo, pero conviene no confundir la fuerza de un relato con el ruido de un lanzamiento editorial.
Al final, los que pierden no son ni Juan del Val ni su Vera. Los que pierden son los cientos de autores que escribieron en silencio, sin focos, con la esperanza de que el jurado se fijara en algo más que en la proyección mediática. Porque, si la literatura es un arte, el Planeta parece recordarnos que también es un negocio. El Planeta gira, sí. Pero no alrededor de las letras: gira alrededor del mercado. Y eso, aunque se vista de gala, lo sabe todo el mundo.
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam






Muchas gracias Raquel por hacernos pensar y por cómo compartes cada tema siempre con tanto amor, respeto e inteligencia.
Toda la razón en lo que compartes 💚
Gracias a tí por tus palabras, frases así son las que me animan a seguir… Un abrazo