Más moral que el Alcoyano

La izquierda española actual carece del más mínimo atisbo de conciencia de debilidad, y una de sus razones para no mostrarla no es sino el empoderamiento que ha hecho de una moralidad sumamente cuestionable en muchos aspectos, pero también intachable en otros, mediante oportunidades que la derecha no ha sabido aprovechar cuando tuvo la oportunidad por la caspa que la ha acompañado, y definido en muchas ocasiones. El problema para esa izquierda llega cuando aparecen las incoherencias, un defecto intrínseco en el populismo y que también comparten las derechas más a la derecha de la derecha tradicional en nuestro país.

Para la izquierda es muy recurrente, por ejemplo, el recurso de la pena, lo que la lleva a exagerar situaciones en algunas ocasiones o a escenificar de forma hipócrita en otras para poder justificarse. Y no es ninguna broma, sino la muestra más fidedigna de un relativismo moral que teje sus normas al antojo del interés político o electoral que se dibuje en cada momento. A nadie se le ha pasado de largo que para el Gobierno la oportunidad la pintan calva o, lo que es lo mismo en este caso, que cada vez que las informaciones judiciales que les afectan a ellos o su entorno meten en la agenda y el debate políticos asuntos que intentan desviar la atención. Y tenemos casos como el aborto, la prostitución o la regularización de la inmigración. ¿O acaso, de no existir el proceso de regularización no se estaría hablando mucho más de los casos judiciales que les afectan, como el caso mascarillas?

Esas incoherencias son las que terminan en acciones como la protagonizada por Sánchez en China, donde ha rendido homenaje en su mausoleo a un dictador criminal, Ho Chi Minh, mientras en nuestro país expulsó del suyo al dictador propio Franco, en un acto de venganza o desquite ideológico justificado a través de un proceso digno de analizar hasta la última de sus partes, denominado memoria democrática, en el que se ha impuesto un relato moral sin fisuras en el que la propia izquierda a la que representa aparece como única víctima de un momento histórico que posiblemente comenzó más bien por la persecución, en la Segunda República, de aquellos que representaban una amenaza para la imposición de un régimen que cada día se volvía más autoritario y peligroso. Obviamente que eso no tendría que haber justificado el alzamiento militar y, ni mucho menos, una dictadura dilatada en décadas de represión política. Pero tan dictador fue Franco como Ho Chi Minh al que Sánchez ha homenajeado. Aunque con una gran diferencia, entre otras muchas, que el chino fue causante de una fuerte represión de su pueblo y responsable en ello de la muerte de, aproximadamente, un millón setecientas mil personas, algo muy lejano a las cifras atribuibles al español.

Evidentemente, ningún dictador tiene defensa, pero tampoco la actitud demostrada por Sánchez bajando la cabeza en señal de respeto por un visceral asesino mientras representa al pueblo español. Y es que hablamos de incoherencias pero, cuando estas se producen en ámbitos de decisión del calado de un Gobierno o de una presidencia del mismo, quizás haya que buscar, dentro de la más que aparente incoherencia, la coherencia que lleva a la ejecución de este tipo de actos. No voy a entrar en ello por lo evidente de la muestra, pero dejo a los lectores que acaben en sus pensamientos esta idea.

Incoherencias hay muchas en las que pensar y sobre las que preguntarse y responderse, pero una de ellas, como muestra, podría ser la que lleva a las mujeres a exigir el derecho a decidir sobre sus cuerpos cuando eligen el aborto y, por el contrario, la propuesta de ilegalización de la prostitución incluso cuando son las propias mujeres, por voluntad propia, quienes deciden ejercerlo en una prueba más del derecho a decidir sobre ese mismo cuerpo. Y no admito, en este caso, el debate de la trata, ni de que si ninguna mujer lo elige, o las chorradas que he oído escuchar. Hay mujeres que sí han decidido ejercer, las hay que como modo de vida y otras que como fórmula para poder sacar unos estudios, para obtener una posición económica, en el caso de la prostitución de alto standing… Por supuesto que las mujeres que no lo eligen motu proprio no deberían de estar haciéndolo. Pero para eso no es necesario ni prohibir la prostitución ni cambiar absolutamente nada, sino aplicar adecuadamente las leyes y perseguir a la trata de mujeres. En todo caso, apostar por políticas que garanticen que ninguna mujer ni hombre, por necesidad, entre en ese círculo y en ese ejercicio. Porque también hay hombres que lo hacen y ejercen, y mujeres que lo pagan. De hecho, es una de las salidas que emigrantes sin papeles han elegido para poder sobrevivir o, en algunos, casos, vivir mucho mejor.

Oigan, y no sería nada malo, de querer erradicar la prostitución, empezar dando ejemplo y no mantener en su lugar, aún sabiéndolo, a ministros que hagan uso de la prostitución y que, además, paguen sus servicios a costa del dinero de todos y de todas.

Eso sí, y acabo con la idea con la que comencé el artículo… ¿Alguien ha visto en algún momento a la izquierda pedir perdón por las checas, por los asesinatos cometidos en la época de la Segunda República, pre Guerra Civil, por los salvajes asesinatos de Paracuellos, o por la multitud de casos de corrupción por los que han sido condenados ya en época democrática? ¿Alguien de la izquierda ha pedido perdón por la gestión económica de Zapatero o Sánchez, que han elevado la deuda del Estado a máximos históricos, el dinero de todos y de todas? ¿Alguien pedirá perdón por la toma de decisiones del calado de la regularización, hecha a espaldas del Congreso y sin una creo que necesaria consulta previa a la ciudadanía por el impacto que sobre nuestras vidas puede tener su ejecución? No, la respuesta la tienen en sus argumentos, donde instrumentalizan una opinión pública que se inventan para señalar que la mayoría social española siempre está de acuerdo con las decisiones que toman. Así es su moral democrática y así nos luce en cuestiones como la seguridad ciudadana o la debilidad económica, por no hablar de la verdadera debilidad, la de homosexuales o transexuales, que cada vez reciben más insultos o palizas en la calle, o la de las propias mujeres, en muchos casos sin recursos tras la separación de su maltratador, cuando no absolutamente desprotegidas, mientras se gastan ingentes cantidades de dinero en acciones ideológicas como la procesión del coño insumiso o talleres de masturbación femenina.

Ahora vienen las elecciones andaluzas y la autonombrada mujer más poderosa de la democracia en nuestro país se enfrenta al castigo real que demostrará lo que realmente opinan los andaluces del Gobierno y de sus políticas en Hacienda. Frente a eso, el PSOE y el resto de la izquierda que lo sostiene muestran su optimismo.

Ante esto, viene al dedo una de las expresiones más españolas y castizas: “Tenéis más moral que el Alcoyano”. Pues eso.

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