
No es nada complicado visualizar hoy en día en nuestro país cómo el maniqueísmo totalitario se ha hecho no sólo con los seguidismos y con el relato político, sino también con el alma y el espíritu de convivencia, con una como visión de Estado y de futuro que difiere tanto como pudo hacerlo hace muchas, y desavenidas, décadas, las que preludiaron la peor de las historias contadas por nuestros abuelos.
Bajo la tristeza incontenible de quién lee en titulares las dificultades para llegar a finales de mes de millones de familias, las cifras que rodean a una burbuja inmobiliaria que impide la compra y el desarrollo personal y familiar de cientos de miles de jóvenes españoles, o cuando vemos esas dramáticas cifras que sitúan a España a la cabeza de aquellas en Europa con niños al borde de la pobreza infantil… Cuando todo esto ocurre y se agudiza después de cerca de diez años de gobiernos de izquieda, uno se pregunta para qué llegaron, qué nos vendieron o para qué sirve que haya más personas trabajando, más y más ayudas, si ni los sueldos ni las ayudas sirven para cortar los efectos de una inflación y de un IPC que no dejan de enterrar en el cementerio de la miseria la esperanza de tantas familias de poder progresar y avanzar.
Cuando salimos a la calle y vemos el estado de inseguridad de nuestras calles, cuando observamos a muchos abuelos y abuelas casi llorar de la pena cuando van a pagar una pieza de fruta o verdura porque no les va a llegar para comprar la pieza de pan con la que brindar a su cuerpo los carbohidratos que el creciente otoño les va exigiendo; cuando vemos que, a pesar de todo esto, nos encontramos con tumultuosas manifestaciones de personas que, en muchas ocasiones, no sabrían ni situar Jerusalén en un mapa, exigiendo con consignas aprendidas de argumentarios sociales de laboratorio, tales o cuales condiciones ante tal o cual conflicto, defenestrando al nivel diabólico a uno de los bandos porque es importante para los del laboratorio construir un argumento de peso que focalice la atención y las frustraciones sociales, uno se pregunta cuán débil es la consistencia cultural política de la mayoría de los españoles.
Si encendemos la televisión y nos encontramos a un Presidente del Gobierno que ríe a carcajadas en el seno de la representación democrática del país, abanderando un empoderamiento forjado a costa del intrusismo del Gobierno en la práctica totalidad de las instituciones públicas del Estado, con especial hincapié en el sistema judicial, uno se pregunta adónde nos dirige toda esta absurda estrategia y dónde queda el respeto del máximo representante político hacia los representantes y, por tanto, al conjunto de votantes que no confían en sus siglas y que, además, no apoyan su Gobierno. A veces, esa medio sonrisa maliciosa se dispara casi inconscientemente cuando responde a los propios socios en el momento en el que le interpelan sobre asuntos de común interés, como si supiera con la respuesta que ese punto del negocio ya está marcado como vendido en negociaciones de medio pelo, de aquellas que organizó y llevó a cabo algún que otro de medio pelo hoy imputado o en la cárcel.
Pero también sorprende cuando esa sonrisa se dispara ya en encuentros internacionales, incluso ante los ataques sibilinos de un Trump que no descansará hasta cargarse a alguno de los máximos aliados de Sánchez y los suyos, y que no reluce por su nivel democrático, sino más bien todo lo contrario, ese Maduro denunciado como capo de una banda de narcodelincuentes al frente del Estado más rico en materias primas de América Latina, Venezuela. Cualquier diría que esa sonrisa, o es nerviosa, fruto de unos nervios incontrolables ya, o es fruto de alguna sustancia, que bien podría ser, por qué no, para controlar una ansiedad que hace meses no abandona a la cabeza del Gobierno de España, con la soga judicial al cuello cada día más cerca y que ha ido, uno por uno, capturando a todos los que le rodeaban, los más cercanos, incluidos su mujer y su hermano.
Más allá de que consideremos que la Justicia debería ir mucho más rápida, aunque también debamos comprender que las prisas no son buenas si queremos que las cosas funcionen a la perfección y con todas las garantías procesales, incluidas las de la presunción de inocencia, no recuerdo en el mundo democrático occidental, no ya a ningún Gobierno, sino a ningún político, incluso, que haya tenido la capacidad de aguantar y resistir en el poder sin capitular ante tantas evidencias. Más que desolador para nuestro sistema democrático yo diría que es más que preocupante, ya que teniendo en cuenta la carrera de los personajes de turno, no deberíamos de dejar de percibir que son capaces de cualquier cosa y que seguro tienen un plan, un proyecto de fuga de todas las acusaciones, pruebas y causas. Y espero que no sea el Constitucional aunque, de no ser así, resulta complicado, si no es por un cambio legislativo anunciado en el que la fiscalía aumenta considerablemente su poder en los procedimientos, que todo pueda tener un final feliz para el PSOE y sus cargos en el Gobierno.
Otro punto es el control de los medios de comunicación. El sistema de subvenciones, que para muchos de ellos son fundamentales para garantizar su subsistencia, pasa ya por un tamiz ideológico más allá de que desde los propios centros de poder en el mismo Congreso se hable de pseudomedios. Aquellos que son “buenos y leales” con el Gobierno reciben todo lo esperable, mientras que aquellos otros que se muestran críticos llegan a no recibir absolutamente nada. O si no, que se lo digan a los de The Objetive.
De aquí a finales de año, pasarán cosas que determinarán, sin duda, el desenlace que, a priori, podría producirse en la primera mitad del próximo año, quizás con una convocatoria de elecciones. Lo que parece quedar claro es que esta no llegará a suceder si antes VOX no está lo suficientemente fuerte como para hacer su papel de beneficiar el voto al PSOE en esa política de miedo instaurada a la ultraderecha. Lo dije desde un principio y lo sigo manteniendo, VOX es el mejor aliado del Gobierno tanto en estos momentos como en el caso de unas elecciones generales. Y si no, pasen y vean.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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