Mucho tirano

Hace unas noches me dio por escuchar al que, para mí, es una de las grandes voces de la economía española, como es Juan Ramón Rallo, economista, profesor universitario, divulgador y jurista, mientras hablaba de la situación económica que atraviesa nuestro país desde hace una década. Sin duda, considero que es un deleite escuchar sus análisis para comprender cómo es posible haber llegado a la situación en la que nos encontramos.

No voy a entrar en los detalles relacionados con la economía, ya que hay un tema que hay que considerar, que va asociado con esto. Y es que muchos jóvenes y trabajadores por cuenta ajena, autónomos, pequeños y medianos empresarios que cierran su industria, deciden dar el paso de dejar nuestro país, lanzándose a la aventura para buscarse un futuro mejor y una vida en la cual puedan desarrollar sus proyectos fuera de España.

Y aquí es donde empieza lo bueno. Porque, como ya saben, vivimos en una sociedad como la española. Y la sociedad española bien es conocida por su solidaridad. Aunque bien es cierto que la solidaridad, a veces, tiende a disfrazarse de tiranía. Aquí debo abrir un paréntesis, porque no todo el mundo se comporta igual, pero siempre hay ese tipo de persona, que es aquél que tiene un comportamiento tiránico hacia aquellos que quieren vivir libres de un país que los tiene explotados, fiscalizados y controlados.

Hoy en día, una parte de la sociedad española decide quién es el bueno y quién es el malo en función de sus intereses. Viven pensando en que todo el mundo es su enemigo simplemente por no alinearse con sus ideas, porque es una forma de “proteger” aquello que ellos consideran, lo que para ellos son, privilegios. Sí, has leído bien, privilegios. Supongo que ya sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

Como he mencionado antes, España atraviesa una situación económica muy adversa. Hay fuga de talento. Los jóvenes se van porque no pueden prosperar, ya que aquí, o te haces funcionario, o vives en casa de tus padres o de tus abuelos, porque es imposible emanciparte. Las empresas cierran, muchas de ellas industrias que son “marca España”, y que deciden cerrar sus fábricas porque no pueden asumir el coste de su plantilla, debido a que las pérdidas superan a los beneficios. Ya ni hablar del coste del empleado y de cuántos impuestos hay que pagar como base de cotización, tanto para la empresa como para el trabajador.

Se ha impuesto en la sociedad española la envidia, la crítica, la desmotivación y, como último recurso, el insulto, todo ello como deporte rey en España. Si decides irte, vas a ser señalado, apuntado con el dedo y estigmatizado. “Te quieres ir para pagar menos impuestos”. “¡Ja! Cuando te pase algo, no vuelvas para recibir atención médica”. “Si te vas, deberían retirarte la nacionalidad, porque no estás contribuyendo con tus impuestos”. “Pero, ¿cómo vamos a mantener la sanidad, la educación y las carreteras si falta gente como tú, insolidario?”.

Hay mucho tirano. Quizás demasiados. Gente que, si fuera por ellos, levantarían un muro alrededor de las fronteras con Portugal y Francia, tirarían abajo los aeropuertos y puertos pesqueros de todo el país para que nadie se fuera. Como ocurrió en Berlín. Gente que nadie osa a cuestionarse qué pasa en este país para que se vaya tanta gente. Gente que se niega a pensar. Gente que cree que Hacienda es un bien común, que Hacienda somos todos. Cuando se sabe perfectamente que no es así.

No voy a entrar en sus mentes, porque quiero pensar que les da la suficiente inteligencia para no pensar que la gente fuera de España no se muere de hambre, ni tampoco se mueren por un catarro en ninguna esquina de ninguna ciudad europea, ni tampoco van con carretas de caballo por calles sin asfaltar. Vamos, quiero pensarlo, porque si se niegan a admitir que sus ideales y sus referentes políticos se han equivocado, y que por eso hay fuga de talento, yo ya me puedo esperar cualquier cosa de ellos.

Lo que tengo claro es lo siguiente. Vale mucho más la pena dejar España para vivir mejor, asumiendo cargas y responsabilidades, y también un coste moral, antes que seguir en un país donde es imposible vivir, puesto que el Estado, junto con Hacienda, te persigue por no declarar el IVA. Excepto si eres político, claro…

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