
Me gusta analizar mis sueños. Los que recuerdo, claro; aunque, a veces, prefiero pasar de largo de estos autoanálisis emocionales a los que me someto con el fin de gestionar miedos, incertidumbres o recuerdos dolorosos, porque consiguen condicionarme el libre pensamiento y la capacidad de análisis.
Esta noche he soñado con una hidra. Como la de Lerna, como la de la mitología griega, una con multitud de cabezas, todas ellas venenosas, unidas a su tronco, que la hacían temible, y mucho más porque se le atribuían poderes de regeneración multiplicada, haciéndola prácticamente invencible, hasta que Hércules consiguió matarla. Aunque la mitología sigue apuntando que, tras su muerte, se volvió a transmutar en constelación. ¿¡Quién no se pondría a analizar un sueño tan extraño, tan alejado de lo cotidiano o de los residuos de pensamientos que nos trae la mente en vigilia?! Así que he buscado un paralelismo real para dar forma y justificación a mi fantasía onírica.
Antaño tuve cargos políticos de responsabilidad en el Gobierno, pero de eso hace catorce años, así que ahora me muevo en un paisaje social en el que no entra la ideología política. Eso no es óbice para que ejerza mis derechos ciudadanos, ya que cumplo todas las obligaciones de convivencia social. Creo firmemente que, desde la observación y la crítica ciudadana, se puede coadyuvar a la mejora de la calidad de vida de todos.
Es frecuente oír en los sectores no políticos cuán insoportable es lo que estamos aguantando con este Gobierno «sanchista», así como también que, a pesar de todo, aquí no pasa nada. La oposición mayoritaria tiene que soportar las trabas legales; está sujeta a ellas y llega hasta donde le permiten los decretos ley no consensuados, manipulados o impuestos mediante engaños… pero ahí están, paralizando, trastocando y transformando la Carta Magna con la mentira.
Puede que la hidra con la que he soñado, con tantas cabezas venenosas, tenga que ver con mi preocupación por sentirme impotente, y no veo en el horizonte un Hércules capaz de vencer a esta hidra. No ya la de Lerna, sino la del Gobierno de Sánchez que, con sus ministerios -cabezas- nos va mordiendo. Ya ha tenido cuarenta y cuatro; cuando una cabeza mala cae, rápidamente la repone con otra que resulta peor.
Creo que me vendría bien soñar con algún Hércules o alguien similar para recuperar el tiempo que no debería dedicar a la política, que está produciendo en mí una gran acidez interior con consecuencias psicosomáticas, o sea que, cuando veo en pantalla al señor Sánchez, me salen eritemas, y si me detengo a oír tanta falacia y mentira, termino con molestias intestinales sin poder evitarlo. Por favor, ¿no hay un Hércules a mano?






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