
Hoy desayunamos con mucha información, teniendo en cuenta que es Viernes Santo, repartida entre muchos medios, de noticias como el cuestionamiento, por parte del Tribunal de Cuentas, de la contratación de 245 funcionarios interinos con una urgencia que parece no estar justificada, las anomalías e incidencias en contratos públicos, que habrían generado 28.000 recursos, o la lupa puesta sobre el interés del sanchismo en las energías renovables, habida cuenta de que no dejan de aparecer intereses cruzados, como el de las primas de Zapatero o los favores detectados en Forestalia, que inmediatamente parece que ha querido deshacerse de todas aquellas empresas o acuerdos que pudieran suponer un compromiso político.
Por otra parte, parece ser que en este país, desde el Gobierno, no dan puntada sin hilo o, lo que es lo mismo, detrás de cada decisión política siempre hay un interés de partido o personal del Presidente y la gente cercana a éste, bien por sacar rédito electoral o bien para contentar a unos socios de Gobierno que cada día ponen más alto el precio a la fidelidad de un Gobierno al que, sin embargo, no dejan de criticar para seguir ganándose el favor de sus fieles votantes.
Parece que a la sociedad se les han olvidado las razones por las que Sánchez presentó y ganó la moción de censura a un PP liderado por Mariano Rajoy en un momento en el que se encontraba cercado por la corrupción de la Gürtel. Una minucia teniendo en cuenta la actual situación en la que se encuentra el principal partido de Gobierno. Ahora todo es admisible y soportable para todos esos partidos políticos, tanto de derechos como de izquierdas, lo que nos debe llevar a la conclusión de que los apoyos de aquella ocasión no fueron por convencimiento de la honestidad que debe regir un Gobierno, sino por el alto precio que Sánchez prometió pagar por esos apoyos.
Si caro nos salió la Gürtel, mejor no hacer ahora mismo cuentas ni en lo económico, ni en lo social ni en lo político. Del hombre de paz como el que se quiere presentar Sánchez, con su no a la guerra, al Presidente frentista, provocador, cínico y mentiroso que no deja de poner el fuego y el odio entre los españoles lanzando míseras acusaciones, resucitando épocas pasadas antaño superadas, y construyendo un maniqueísmo totalitario que controla bajo el grado de la acusación sobre bulos, fango, miseria, ultraderecha, fachosfera, o una revolución ética que vaya a prohibir la práctica de la prostitución de la que vivió y se enriqueció su suegro, en la que trabajó su mujer en la administración y de la que se lucró él mismo hasta, presuntamente, servirse de sus beneficios para vivir y enfrentarse a unas primarias para escalar hasta el poder.
Todo es posible en el Universo Sánchez porque Sánchez es el líder de un país al que no se atreve ya, ni él ni los suyos, a exponerse en público en la calle, habida cuenta de los abucheos y serios enfrentamientos que sus guardaespaldas tendrían que afrontar. Porque la calle está cada vez más caliente. A la subida de impuestos muy por encima de la media europea se ha sumado un incremento en los precios que difícilmente podrán saldar ni quiénes malviven con una renta mínima vital que sólo perciben una parte de quiénes lo necesitan y, posiblemente, gran parte de quiénes no la merecen, porque así funcionan estas cosas. Cuestiones como renta, vivienda, beneficios, economía sumergida o preferir vivir de ello antes que trabajar de lo que lo hacen los inmigrantes que han venido a cubrir puestos de trabajo que muchos y muchas no quieren asumir nos presenta una estampa muy real de cómo se reparten nuestros impuestos. Eso sí, me pregunto a quién votarán esos perceptores de las ayudas a no trabajar. Efectivamente, eso cierra el círculo de cómo funciona este país sin la necesidad de aprobar o desaprobar DNIs electrónicos en las elecciones.
Enfrente de esta situación, una oposición más perdida y asustada, pensando en la lucha por esquivar los ataques del Gobierno y de Sánchez, que de construir un proyecto realmente alternativo, de denunciar todas y cada una de las miserias y, si me apuran, hasta de elegir a un líder carismático o, al menos, trabajar un poco más o mejor este aspecto con el que tienen.
Lo peor del caso es que, además, reciben ataques de quiénes están más a su derecha, un VOX que empieza a descomponerse y oler a la putrefacción propia de un proyecto que nació muerto porque se sujeta fundamentalmente en los impulsos y en el arengo de un extremismo que contrasta con las descalificaciones que de unos a otros ya comienzan a escucharse dentro de la misma formación, con importantes acusaciones de desvíos de fondos y de presuntos aprovechamientos de recursos, con una financiación que ya está en el punto de mira. Eso sí, que presuman de que su mejor estrategia es lanzar ataques al PP, es para que se lo hagan ver, porque finalmente demuestra de qué tela está cosido el vestido, ese mismo que se cae a trozos, siendo algunos de esos trozos las figuras más importantes desde su fundación. Pronto va a quedarles como lema “Solo queda Abascal”.
Lo cierto es que este país parece ser que se está construyendo no para los honestos, sino para los que delinquen, cuidando al máximo sus derechos y sacándolos de la cárcel cuanto antes, incluso si han sido sanguinarios asesinos y no se han arrepentido de sus actos. Un país hecho para ladrones de guante blanco y maletín ministerial, o para asalta casas, que también ladrones de su contenido, que observan privilegios muy por encima de aquellos que son propietarios y se ven obligados a pagar sus propios suministros, y también los de quiénes les usurpan sus bienes. Un país para nacionalizar a quiénes no lo han pisado nunca o para quienes quieran regularizar su situación aún sin exponer sus antecedentes penales. Un país en el que ya mismo, de seguir así, será más complicado subsistir que vivir.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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