Se desmorona el castillo de naipes plurinacional

Si hay algo que el gobierno ya no puede hacer, es ocultar la crisis económica, ya que sin cuentas nadie se come los cuentos. Varias personas, que no tienen ninguna obligación de entender de economía y política, siempre me hacen la misma pregunta: «¿Cómo llegamos a este punto?». «Todo es culpa del Movimiento Al Socialismo y Evo Morales», suele ser la respuesta que esperan. Ahora bien, eso no es cierto, pues la crisis económica, política y moral tiene muchos responsables. Pero es mejor recordar algunos hechos concretos.

Desde el 2006, la dictadura del Movimiento Al Socialismo ha impuesto un modelo económico típicamente keynesiano y populista. Un modelo destinado al fracaso, en términos coloquiales, nacido muerto, puesto que no genera riqueza ni productividad para la sociedad, sino, tan sólo, beneficios para aquellos que gozan del «cariño» del Estado, es decir, los enchufados con el poder. Con los precios del petróleo por las nubes, la fiesta y el derroche parecían eternos. Empero, el 2014 la realidad tocó las puertas, la caída de la cotización internacional de los hidrocarburos le advirtió a Evo que debía terminar con la joda. Obviamente, Morales no iba a aceptar la realidad, había que buscar la forma de continuar con la jarana populista.  

El 11 de diciembre del 2014, unos días después de manifestar su preocupación por la caída del precio del petróleo, por ende, del gas, Evo Morales dijo: «Bolivia tiene un colchón financiero de 40000 millones de dólares para garantizar la estabilidad económica».  Sabemos que el cocalero no es un hombre de grandes dotes intelectuales, ¿cómo hizo ese cálculo? Fácil, se lo dictaron los «expertos», entre ellos, Arce Catacora, que había consultado.

Los 40000 millones estaban compuestos de la siguiente manera: 15000 millones de Reservas Internacionales, 15000 millones de depósitos privados en el sector financiero y 10000 millones en los fondos de jubilación. Era una obviedad que iban a usar esos recursos como si fueran de libre disponibilidad, La Fatal Arrogancia, que describió el gran Hayek. Pero ¿los economistas no advirtieron que eso era un error? No, pues, aunque usted no lo crea, la gran mayoría de mis colegas creían, todavía creen, que mientras más gasta el Estado, mejor nos va como país. En síntesis, Arce Catacora y Evo Morales estaban siguiendo la receta que se enseña en la Facultad de Economía: El multiplicador keynesiano.

Ahora bien, muchos defensores de la gestión de Morales suelen usar el siguiente dato como argumento: “El PIB de Bolivia pasó de sumar US$9.000 millones cuando asumió el poder Morales a US$40.000 millones en la actualidad. Además, el crecimiento del PIB per cápita en 2005 era de 2,5%, mientras que al cierre de 2018 se ubicó en 2,7%”. No obstante, el Producto Interno Bruto es una ecuación lineal donde si incrementas el Gasto Público todo el indicador se elevará. Básicamente, más gasto estatal, más PIB. Pero acá el gran detalle que no entienden los economistas, en general, y, en particular, los fans de Morales: Las reglas de la matemática no son las reglas de la economía.

Por otra parte, los empresarios tampoco se opusieron al modelo, pues, a nombre de pragmatismo, no dudaron un segundo en hacer cola para recibir su parte del derroche. Miles de empresas se crearon para competir en las licitaciones que el Estado lanzaba. Los ítems eran de lo más diversos, construcción de obras civiles, diseño de prendas, catering para las oficinas estatales y hasta tragos para los grandes festejos. Se volvió a poner de moda hablar de la sinergia entre lo público y lo privado. Los dueños y gerentes de las empresas olvidaron que su deber es servir al público con productos de calidad y precios competitivos, pero no dormir acurrucados con el poder. 

Pero hay otros grandes culpables, entre ellos, muchos ciudadanos comunes que esperan que el Estado sea padre de familia, médico de cabecera, gerente deportivo, gestor educativo, institución de caridad y hasta agencia de empleos. Sin embargo, el Estado no es una fuente de los deseos o Santa Claus, es, simplemente, la estructura burocrática destinada a tareas específicas: a) seguridad, b) justicia y c) infraestructura vial (caminos, carreteras y calles). La crisis está golpeando a todos los bolivianos fuerte y duro. Espero que ahora reflexionemos y entendamos que solamente hay una forma exitosa de organización social, es aquella sostenida sobre la propiedad privada, los precios libres, la iniciativa privada y la baja presión fiscal. 

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