Reflexión sobre el suicidio: un acto de visibilidad y empatía

Para muchas personas, el suicidio es la única vía que encuentran para escapar del sufrimiento. Vivir implica sentir emociones: alegría, tristeza, furia, rabia, sorpresa… Pero a veces, sobrevivir se convierte en simplemente estar, sintiendo mucho dolor, angustia y desesperación, luchando por seguir adelante sin disfrutar de la vida.

Una joven mallorquina de 19 años ha sobrevivido a un trastorno de conducta alimentaria y a dos intentos de suicidio. Ver a sus compañeros graduarse y mudarse mientras ella se quedaba atrás fue el impulso que necesitaba para seguir adelante y graduarse. Su historia refleja el sufrimiento que muchos sienten y cómo el apoyo, la comprensión y la intervención adecuada pueden marcar la diferencia.

El testimonio de Zara, una joven que sobrevivió al bullying y al abuso sexual, muestra cómo encontró en la música su vía de escape y de expresión. Para ella, escribir canciones fue una manera de liberar su dolor, además de comunicar sus pensamientos más profundos. Cada persona halla su propia manera de enfrentar el sufrimiento, ya sea a través del arte, la música o la escritura.

Las personas que mueren por suicidio no quieren morir; desean dejar de sufrir. Buscan escapar del dolor, no de la vida. La salud mental es tan importante como la física y es necesario invertir en ella, además de cuidar de uno mismo y no tener miedo a la hora de pedir ayuda. Levantarse cada día y seguir adelante es un acto de valentía.

Hablar de suicidio no es una tarea fácil. La conversación sobre este tema es delicada y, sin embargo, absolutamente necesaria. Esta reflexión nace del dolor y la valentía de una amiga, María Ángeles, quien perdió a su hermano Javi por suicidio. La historia de Javi, llena de amor y aprendizaje, nos recuerda la importancia de abordar la salud mental con compasión y responsabilidad.

Javi era una persona que rechazaba la medicación. Cuando buscó ayuda en urgencias acompañado de su hijo y su hermana debido a pensamientos suicidas, la recomendación fue no ingresarlo, sino que le dijeron que con la medicación sería suficiente. Trágicamente, cinco días después de recibir la medicación, Javi decidió terminar con su vida tomando exactamente lo que le habían recetado. María Ángeles no busca culpar a nadie. La decisión final fue de su hermano, pero este desenlace abre muchas preguntas sobre cómo abordamos las crisis asociadas a la salud mental. Esta reflexión resalta la necesidad de una atención personalizada y cuidadosa, especialmente en los casos de riesgo suicida.

“El suicidio de Javi ha sido una experiencia dolorosa, pero, de alguna manera, necesaria para el crecimiento personal y espiritual de mi familia”, asegura María Ángeles. Habla de su hermano con naturalidad, sin ocultar la verdad, porque cree que visibilizar estos temas es la mejor manera de romper los tabúes y ayudar a otros que puedan estar pasando por situaciones similares. “Sé que Javi no ha desaparecido, sino que está en otro plano, en otra dimensión, deseando que quienes quedamos atrás vivamos y seamos felices”, añade.

La visibilidad del suicidio es crucial para comprender y prevenir. Hablar de ello no incita al suicidio; al contrario, permite entender mejor el dolor y las emociones que pueden llevar a una persona a tomar esa decisión. La historia de Javi es un toque de atención para mejorar la atención psicológica y psiquiátrica, especialmente en los servicios de urgencias, y para recordar la importancia de una intervención adecuada y humana.

Acabar con el dolor invisible puede ser un camino arduo, lleno de incertidumbre y sufrimiento. Si sientes ese peso, por favor, no lo lleves en silencio. Busca a alguien con quien compartirlo, exprésalo. Y si alguien te confía su dolor, dale tu tiempo, préstale tus oídos. A veces, no necesitamos soluciones, solo la compañía para respirar juntos. La escucha activa y el apoyo mutuo son pilares esenciales para sobrellevar este dolor.

Hablar sobre el suicidio, visibilizarlo y tratarlo con la seriedad y sensibilidad que merece, es un paso crucial hacia un mundo donde todos puedan encontrar esperanza y consuelo. Juntos, podemos crear un entorno más comprensivo y solidario donde nadie tenga que enfrentar su dolor en soledad. Cada gesto de apoyo cuenta, cada conversación puede ser un salvavidas. Debemos comprometernos a construir una sociedad donde la salud mental sea una prioridad y donde cada persona sienta que tiene un lugar seguro para expresar su dolor y encontrar consuelo. La vida, con todas sus dificultades, merece ser vivida y apreciada.

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