
Parece mentira que esté escribiendo sobre esto, que aquellas palabras que siempre quisimos golpear con la raqueta o regatear con el balón, y que significan el final de un profesional, ya se hayan materializado. Quizás, querido amigo lector, estemos invadidos por la nostalgia, el agradecimiento eterno o simplemente por la incredulidad. A lo mejor la culpa sea de la edad, que no perdona, acompañada del tiempo que pasa de forma inexorable, pero esta semana dos de esos personajes que pasan de leyendas a mitos, de gloriosos a eternos, han anunciado su retirada.
El primero en hacerlo fue el exfutbolista del Barcelona, Andrés Iniesta. Qué decir del manchego que no se haya dicho antes. Don Andrés, un jugador de videoconsola, de esos que parece que han sido trucados, de los que juegan en los más grandes escenarios como si fuera el patio del colegio. Un jugador que consiguió llevar la exquisitez futbolística al máximo nivel e incisivo, todo un maestro en superar líneas, poseedor de un talento inimaginable. Además, el de Fuentealbilla fue héroe por partida doble: con el FC Barcelona, metiendo el gol de la final de la Champions League en Stamford Bridge contra el Chelsea, y, por supuesto, con su gol que marcó a todo un país y que sirvió para que España lograra su primera estrella en Sudáfrica.
Y por si eso fuera poco, con un palmarés de envidiar: 1 Mundial, 2 Eurocopas, 4 Champions League y 9 Ligas, entre otros tantos premios. Andrés Iniesta, ese jugador querido por todos. Los rivales le aplaudían, los compañeros se dedicaban a buscarlo y todos disfrutábamos con su juego. Tan solo la corrupción y el desprecio al fútbol español en la FIFA le quitaron ese Balón de Oro que llevaba su nombre y que no pudo lograr, pero da igual. Don Andrés, tú siempre serás un jugador infinito y has logrado estar en la mesa de los mejores de la historia.
Como siempre se ha dicho, las desgracias nunca vienen solas, y ayer, a partir de las 11:30 de la mañana, saltó otra noticia que entristecía al deporte español: Rafa Nadal anunció su retirada. Sí, el mayor gladiador de la historia del tenis mundial, el jugador que más veces se ha sobrepuesto a las lesiones, nos dijo adiós, confirmando algo que ya sabíamos: su cuerpo no le dejaba competir en condiciones normales.
Del gran Rafa Nadal se ha dicho casi todo, pero yo me quedo con dos imágenes: la primera, asociada a lo personal, cuando pasó de tenista a barrendero para evacuar agua de las inundaciones que asolaron Mallorca. Esa humildad es una de las cualidades que siempre trascienden las fronteras del deporte. Y la segunda, relacionada con un partido, concretamente el de la final del Open de Australia del año 2022 ante un Daniil Medvedev en estado de gracia, al que acorraló hasta el extremo de pasar de ir dos sets abajo (2-3, 0-40) a salir de la ultratumba para desquiciar al ruso, consiguiendo levantar su 2º título y penúltimo Grand Slam.
Hablando del palmarés, ¡qué decir! 22 Grand Slams, entre ellos, 14 Nadal Garros, digo, Roland Garros. 92 títulos en total, incluidas 5 Copas Davis y dos oros olímpicos, uno en individual y otro en dobles. Nadal es una leyenda, un mito, al que aún le queda el último baile, en el que Málaga acogerá a mediados del mes de noviembre las finales de la Copa Davis. Y ahí, con un Alcaraz en gran estado de forma y el aura del adiós de Rafa, España es candidata a todo.
Queridos lectores, es el ciclo de la vida. En definitiva, desde este humilde portal tan solo puedo deciros que seguramente acabemos echando de menos a estas dos grandes leyendas. Gracias, Rafa y Andrés… y, en el caso de Don Rafa Nadal, todos debemos alentarlo como siempre hemos hecho para que arrase en su last dance. ¡Vamos, Rafa!






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