
Queridos amigos de Minuto Crucial, desde aquí quiero animaros a que completéis la frase del título. Si habéis contemplado el encuentro disputado en el Estadio de San Mamés por completo, en la final de la Europa League, seguro que sois de aquellos que sienten un amor brutal por el fútbol… o quizás lo tuvisteis que ver como remedio contra el insomnio. Así que ahora voy a analizaros, de manera sencilla -porque no merece más-, el pedazo tostón de final acontecido en Bilbao.
Quiero empezar por lo único que se salva de la final: el estadio. El nuevo San Mamés es una auténtica maravilla. No sólo porque se ha convertido en un escenario bastante vanguardista, moderno y espectacular, sino también porque ha demostrado tener ese aura que da ser la catedral del fútbol. Sin lugar a duda, será un orgullo verlo en el Mundial 2030. De ahí, el cabreo monumental que tengo por el sacrilegio de partido que vivimos.
Con relación a los contendientes, los dos que disputaron el partido son dos grandes del Reino Unido, donde se supone que se practica el mejor fútbol, aunque ahora estén en horas bajas. Ni el Manchester United ni el Tottenham se habían clasificado para Europa vía Liga -visto lo visto, me parece lógico-, y la necesidad en clave deportiva y económica, en ambos, resultaba evidente. ¿Influyó en el desarrollo del partido? No lo creo, ya que llevan jugando igual de mal durante toda la temporada.
Y ahora sí, toca analizar el encuentro en cuestión. El resumen de la primera parte es tan fácil como soporífero: ni un solo tiro a puerta, todo el juego en balones aéreos, protestas y más protestas al árbitro, y un gol realizado de rebote, en propia puerta y con la mano. ¡Toma fútbol inglés, claro que sí! Ahora que me digan que se trata de la mejor liga del mundo.
En la segunda parte, el asunto mejoró un poco —empeorarlo hubiera sido, directamente, suspender el partido— gracias a la tromba de ataques ocasionados por el Manchester United… ataques con cero aciertos, salvo un rebote tras un fallo del portero del Tottenham que resolvió la defensa de los Spurs sobre la línea de gol. Y así, entre bostezos del respetable neutral, se llegó al final del partido.
Y ahora que he explicado el tostón, toca dejaros el dato de la semana: el campeón de la Europa League, que va a jugar la Champions —es decir, el Tottenham—, ha conseguido ser decimoséptimo en liga con 38 puntos. Si esa puntuación la hubiera hecho este año en la Liga Española, el equipo habría descendido a Segunda División. Que no me vengan a contar luego que la Premier League es la mejor liga del mundo. Si el Chelsea juega la final de la Conference League jugando como sus otros dos compatriotas, el Betis, como poco, les mete cinco goles.






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