El sentido de las cosas

Imagínense un escenario en el que un Gobierno no sólo alardea de tener magníficas relaciones con ciertos países, sino que, además, sus socios los ponen como ejemplo de gestión mientras que gran parte de su población huye de la pobreza, la inseguridad y el hambre en los mismos. Imagínense que, curiosamente, el principal país al que emigran es precisamente este, el que halaga los sistemas que les han obligado a abandonar sus patrias. ¿Algo tiene sentido en esto?

Imagínense un Gobierno que no deja de pronunciar la palabra democracia, libertad y derechos, pero prefiere mantener sus relaciones económicas con un país comunista, de partido único, no democrático, en el que los derechos son mínimos y las obligaciones todas. Y se enfrenta, sistemáticamente, con un país democrático, aliado histórico de nuestro país, por muchos más motivos que los de iniciar una guerra que, por supuesto, nunca se tuvo que haber iniciado. ¿Tiene esto sentido?

Ahora piensen en un país que lucha por poder avanzar en su futuro y pagar las pensiones y para ello inicia una regularización en la que incluye a muchísimas personas mayores de 55 años que terminarán por trabajar lo justo para cobrar sus pensiones sin haber aportado apenas al sistema y poniendo aún más en riesgo el sistema de pensiones y su viabilidad en un futuro. ¿Tiene esto sentido?

Por un momento piensen en un Gobierno que no deja de hablar de derechos sociales, que no deja de pagar a muchas personas pensiones o el salario mínimo vital, de tal manera que familias que han llegado de fuera del país, sin trabajar, están cobrando más que personas que madrugan para ir a trabajar y que terminan pagando de sus impuestos estas ayudas. ¿Tiene esto sentido?

Pero es que, imagínense, un país en el que el Gobierno no deja de hablar del derecho a la vivienda. Eso sí, del derecho a que puedan usurparte una vivienda y no puedas sacar a aquellos que en otros tiempos, y en la mayoría de lugares el mundo, estarían cometiendo un delito de allanamiento, por no profundizar en el de robo, destrozos en la propiedad… Y, sin embargo, no ha tenido después de muchos años, y a pesar de estar permitiendo una inmigración masiva y sin control, los santos reales de invertir en vivienda protegida, a pesar de que los propietarios de esas viviendas ocupadas, con sus impuestos sobre esa misma vivienda, estén también contribuyendo al sistema. Y, por cierto, con nulas políticas de vivienda que hayan dado el mínimo de resultado, ya que en los años que llevan legislando tanto los alquileres como la venta de viviendas no ha dejado de escalar. ¿Tiene esto sentido?

Bueno, como la imaginación es libre y gratuita, como las pagas y el derecho a lo ajeno en este Gobierno imaginario, piensen que, precisamente, este Gobierno ha subido como nunca los impuestos, y que se queja, mientras ha permitido un aumento poblacional no controlado otorgando derechos sanitarios a estas personas, de que a sanidad pública en las comunidades que no gobiernan, están perdiendo capacidad de atención y calidad asistencial. Y esto, mientras dejan de pagarles la deuda correspondiente. Pues imagínense, en esta situación, que critican a estos gobiernos de otro color de abandonar los servicios públicos mientras que ellos, con competencia en otros servicios, tienen las carreteras hechas un desastre, las líneas de ferrocarril con miles de trozos de bajada de velocidad por el temor a un nuevo accidente después de que 46 personas perdieran la vida tras el descarrilamiento de un convoy y el choque fortuito con otro que venía en sentido contrario. También hablamos de servicios públicos, como también lo son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que no dejan de avisar del lamentable estado de protección en el que se encuentran y de lo lamentables y peligrosos que son los protocolos de actuación contra delincuentes que, en demasiadas ocasiones, los dejan en inferioridad de condiciones y con un altísimo riesgo de ser víctimas de una agresión. ¿Alguien ve sentido a esto?

Ahora demos un pequeño paso más, e imagínense que este Gobierno dedica cantidades ingentes a políticas contra la violencia de género, año tras año, pero que las cifras de casos y de víctimas apenas se mueve, y algún año hasta asciende. Sin embargo, muchas mujeres que dejan a sus maridos por estos maltratos o por miedo a ser una víctima más, denuncian que no les llegan recursos desde el Gobierno, que no recibieron el apoyo esperado… ¿Adónde ha ido toda esa inversión? Está claro que a las pulseras para avisar a las víctimas de que su agresor está cerca no, porque compraron unas de tan mala calidad, que fallaban. Eso sí que es preocuparse de verdad. ¿Tiene todo esto sentido?

Imagínense que, además, y no se lo van a creer, este Gobierno ha negociado, para estar en el poder, con partidos políticos que representan desde la herencia de aquellos que apretaron gatillos o pulsaron para detonar bombas, hasta a aquellos que intentaron destrozar al Estado, partirlo y separarse de él. A estos partidos los llama amigos y sostiene sobre ellos la consigna del diálogo productivo, siempre a cambio de concesiones, eso sí, mientras que al resto que no lo apoyaron los acusa de buleros, fascistas y enfangadores. Ojo, y también se atreve este Gobierno a hacer lo mismo con los medios de comunicación que no les da la razón, o con cualquier ciudadano que se atreva a cuestionarlos. Y dice estar en el lado bueno de la Historia, sin ningún tipo de complejos. ¿Algo tiene sentido?

Sigamos imaginando que, además, este Gobierno es ultra defensor de un feminismo militante y beligerante contra cualquier tipo de discriminación por motivo de género y por la dignidad de las mujeres en su discurso. Pero resulta que se descubre que su secretario de Organización contrató prostitutas a las que les pagó, aún no sabemos si con dinero público, pisos, viajes y privilegios a través del ministerio que dirigió y que, además, más de uno de los principales valedores del partido, o han sido denunciados por acoso, o pesan sobre ellos sospechas más que razonables de un comportamiento nada ético con las mujeres. Pero es que imagínense que este Gobierno decide iniciar una cruzada para acabar con la prostitución y resulta que el suegro del Presidente tenía clubs de alterne en los que su hija y mujer de aquél, ejerció, por los datos que se han facilitado, algo así como de administrativa yendo, además, a estos locales por la recaudación y el control. E imagínense que hay sospechas más que razonables que de ese dinero salió parte del importe que pagó su vivienda o, cinluso, parece ser, su campaña de primarias. Bueno, pues imagínense que todos estos datos pasan prácticamente inadvertidos para los socios del Gobierno para los que prevalecen los acuerdos, los puestos asumidos gracias a los mismos y las prebendas que obtienen de su posición actual antes de exigir unas elecciones democráticas. ¿Algo de esto tiene sentido?

Llegados a este punto, y habiendo mucho y mucho más que imaginar, les dejo pensando qué solución le darían a un Gobierno como este.  Respecto a la solución a las cuestiones planteadas, denle un poco la vuelta a las intenciones y encontrarán las motivaciones.

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