
Anda la izquierda tan dislocada con los asuntos de corrupción del PSOE, o del “number One”, como queramos llamarlas, que no llega a calcular la brutalidad informativa que se llega a desprender de lo que opinan y sueltan por sus bocas. Parece ser que, al unísono, PSOE, SUMAR, PODEMOS, han decidido soltar que están lejos de apoyar unas elecciones porque no quieren que gobierne la derecha. Pocas veces en nuestro periodo democrático una afirmación por parte de grupos políticos ha sonado tan tajantemente despreciativa de la voluntad de la ciudadanía y, en sí, de la propia democracia. Es algo como decir, no les damos la voz al pueblo porque se van a equivocar y no nos van a votar a “nosotres”. Y como el pueblo “es lerdo”, tenemos que decidir por ellos que vamos a seguir adelante a pesar de la corrupción, excusa que pusimos para “asaltar los cielos” en una moción de censura al PP, con el apoyo no gratuito de dos partidos nacionalistas de derechas. Tremendo, todo excesivamente tremendo para asumirlo desde una perspectiva de moral política medianamente aceptable… hasta para los más extremistas imaginables.
Este golpe de mando con ínfulas dictatoriales, a muchos no nos sorprende. Eso sí, a cualquiera es normal que le sorprenda que tengan la desfachatez de expresarlo abiertamente sin ningún tipo de autocensura. Hasta el mismísimo “puto amo”, ojo que los putos amos, por definición suelen ser los número uno, con sorna e ironía, pero con imagen de un convencimiento que a muchos nos asustó por lo delirante de la situación y del momento, dijo en Roma (luego espero que siguiera confesándose) que comprendía que alguien de su propio partido pudiese querer elecciones convencido como él lo estaba de que iba a aumentar su mayoría parlamentaria hasta el punto de poder gobernar en solitario. Claro que, si hacemos caso a los datos del último CIS, esto podría ir encaminado a ser posible… todo en el Gobierno y sus secuaces se ha convertido en delirante, pero política y socialmente insufrible.
Yo apostillo mucho más sobre todo lo que está ocurriendo. Y es que tengo, desde hace mucho, demasiado tiempo, que los datos de las encuestas del CIS no es lo único que ha sido manipulado. Algo me dice que nuestra economía no va tan bien como el Gobierno y sus datos reflejan y que las arcas del Estado están a punto de saltar por los aires como una olla a presión que no se aguanta del calor que le han metido. Sinceramente, creo que el experimento sanchista no es que esté haciendo aguas por los casos de corrupción, es que Sánchez y los suyos saben perfectamente que en el momento en el que abandonen el poder, toda mentira se va a saber, que van a aflorar los verdaderos datos, que se van a conocer muchas otras cosas que aún no son de dominio público y que ciertos compromisos internacionales firmados por ellos podrían terminar de cabrear a una población que ya no aguanta más discursos buenistas y que quiere poder ahorrar, conservar, al menos, su nivel de gasto, poder tomarse unas vacaciones y alimentarse, a la vez dignamente, poder dar un futuro a sus hijos.
Porque lo que la verdad esconde en este continuo devenir de acontecimientos es que no hay una sola verdad en las palabras de Sánchez y los suyos. Lo que hay es muchas dudas, dudas que cada día comienzan a resolverse entre imputaciones y autos demoledores, y muchas otras que quedan en el aire… de momento. Tal es el caso, por ejemplo, de los motivos reales por los que este país está permitiendo el nivel de contrabando, de tráfico de drogas en zonas de Huelva y el Estrecho. ¿Qué intereses se esconden o qué pactos o acuerdos escondidos a la opinión pública permite poner en peligro continuamente la vida de nuestros guardias civiles? ¿Qué se ha llevado y traído a nuestro país, por parte del Gobierno de España o de autoridades de otros países, a través de la valija diplomática?
Habla la izquierda, mientras ataca a jueces y medios de comunicación, de que existe una especie de confabulación para acabar con este Gobierno, en vez de preocuparse por explicar los puntos que se desarrollan en cada auto que vamos conociendo y que pocas dudas dejan sobre la gravedad y la veridicidad de las acusaciones. Señalan que es muy complicado que tantos casos salgan todos a la vez… ¿Pero realmente creen que si hubiese habido indicios con anterioridad a alguno de ellos la justicia no hubiese actuado? ¿O es esta una manera de esquivar el hecho de que la mayoría de casos están relacionados unos con otros y que todos dirigen su foco y su interés en la presidencia del Gobierno de España, en el mismísimo Pedro Sánchez?
Les aseguro que lo que hemos vivido y estamos viviendo es una verdadera ordinariez sobre los más básicos principios democráticos y de moral política en sus formas y en las respuestas que la izquierda está teniendo para justificar seguir manteniendo en el poder a este Gobierno y, por consiguiente, manteniendo sus tan bien remunerados puestos.
Hablan también del conocimiento previo por parte de la prensa de algunas actuaciones… como si esto no formase parte del trabajo de la prensa. Como si no hubiese habido casos como el Watergate en Estados Unidos. Sí, ese Estados Unidos al que Zapatero ha mostró en las últimas semanas su admiración en Venezuela y su desprecio en España, a las órdenes de los intereses de Sánchez en Irán.
Queda mucho por conocer y espero, sinceramente, que sea lo definitivamente suficiente como para que los apoyos no puedan sostenerse más porque Sánchez ha vuelto a mostrar su estrategia, dilatar el asunto, normalizarlo, y no comparecer hasta finales de junio, al filo de acabar el ciclo político y coger vacaciones. Mientras tanto, no me gustaría estar en el pellejo de jueces, fiscales o testigos de las distintas causas. No hace falta que les diga los porqués.
Si más de uno y de una pudieran resucitar las checas… Crucemos los dedos.
Periodista, Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos por la Universidad de Granada, CAP por Universidad de Sevilla, Cursos de doctorado en Comunicación por la Universidad de Sevilla y Doctorando en Comunicación en la Universidad de Córdoba.
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