De obrero a burgués

El otro día, oyendo a un grupo de personas hablar sobre política decían; “todos los políticos hacen lo mismo, todos roban.” A lo que uno le contestaba; “yo voté al PSOE, sé que lo están haciendo regular pero es que todos son iguales.” Ante esta situación, me sentí abrumado. No sé sí lo decía porque estaba dentro de las redes clientelares del PSOE o únicamente por ignorancia, sea lo que fuere me dio que pensar esa frase.

Y es que hoy día, nos vemos arrollados por una masa de pensamiento político obligatorio (todo el mundo tiene derecho a pensar y opinar) en la cual todo el mundo debe tomar partido. Lo extraño es la metamorfosis social que estábamos sufriendo respecto al ideario político puesto que posteriormente esta persona de la que se jactaba de haber votado al PSOE decía que él era rojo. No es la primera persona que dice que es muy roja y luego vota al PSOE, o inclusive a los socialprogres comodones de Podemos después de haberse reído de todo su electorado.

Ahí entramos en la dicotomía del sistema, entras en él y se quita todo ápice revolucionario o del cambio con el que entras, el otro día hablando con un gran intelectual conservador de este país me preguntó: “¿Cuándo te caíste del caballo? Y lo cierto es que, el que fue revolucionario o tuvo un pasado escorado a la izquierda definida, se siente continuamente decepcionado de como la izquierda institucional no hace nada. Lo peor es que no hagan nada, lo nocivo es que ¡hacen creer a su electorado que sí!

Después de ver este comportamiento político típico de anomalía luego te percatas que es un síntoma recurrente en nuestro país, pasó lo mismo con el Partido Popular. Después del legado de Aznar y Rajoy se jactaban de ser el partido “de lo económico” dejando atrás todo ápice ideológico y de lucha ideológica. Encontrabas al típico pepero que los votaba porque Rajoy lo hizo bien en la crisis o porque es la opción “sensata” vendiendo así todos sus valores. Aquí es otro ejemplo de cómo el bipartidismo gana terreno vendiendo que la estabilidad que ellos ofrecen puede sobrepasar el engaño y la corrupción que llevan sumiendo a España desde que se firmó una Constitución que necesita una reforma urgente.

Por tanto, es una victoria del propio sistema el convertir al revolucionario en burgués acomodado, hacer pensar que como todas las opciones políticas son perjudiciales lo mejor es votar a lo conocido o los que alguna vez nos dieron una buena situación económica. Esto es una falsa ilusión que arrastra a la sociedad española en los típicos clivajes que el bipartidismo ha inducido a la población, el estereotipar a la derecha e izquierda para posteriormente vender nuestro dinero como contribuyentes a la 3ra España, a la España del separatismo y a los poderes globalistas.

He aquí la transformación metafórica, de una sociedad que empezó a despertar, a estar inquieta por la política e intentar llegar a puntos de acuerdo, a una sociedad adormecida ante la corrupción, ante el soborno de los 400 euros, los escándalos sexuales y el despilfarro de nuestras administraciones, total sí son todos iguales, ¿no?

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