Del mono

Queridos hipotéticos lectores, ¡cómo no voy a quereros, hombre! Pues la verdad es que gustaría me más miraros a los ojos, percibir vuestra mirada, con una escucha activa en condiciones capaz de transmitirme esa atención que todos necesitamos con cierta periodicidad, eso que nos valoriza y reconcilia con nosotros mismos, al comprobar que somos capaces de estar integrados socialmente. El hecho de escribir también es liberador, pero como diría mi nieta que habla como todos los jóvenes, ¡si me leéis, será ya la releche!

“Del mono “, no hará referencia a los primates (aunque confieso estar prendada de ellos), ni a la teoría darwinista sobre la evolución, ni a la Trinca, (que es la más acertada al cantar lo del mono… a la patata, pasando por nosotros). En esta ocasión, hablaré del tipo de mono que nos da cuando echamos de menos algo que necesitamos casi patológicamente. Sobre el statu quo de las cosas, modos, modas, culturas e incluso de alimentación. Fijaos que extensísimo campo para llenar folios, aunque siempre busco lo que pueda interesar y más vigente al posible lector.

Me reservo el contaros mi experiencia con los monos tailandeses de Lopburi, donde gané la apuesta del grupo al ser la primera a quien se acercaron. Me parecieron inteligentes y espabilados, cuasi humanos. Ahora son noticia por la transmisión de la llamada viruela del mono, por cierto, que me ha añadido un plus de preocupación el hecho de que haya anunciado Fernando Simón que será poco el contagio y de síntomas leves… ¡Uy!, sé que entendéis mis temores. Pues si amigos tengo mono porque necesito que se hable con verdad.  Políticos en la omertá, redes mitómanas, silencios de los que saben y temen, etc. Lo tengo porque lo echo en falta, porque era muy hermoso poderse fiar de alguien, si tenemos en cuenta que, cualquier referencia a la que vayas a echar mano, ya lleva el lastre de poca credulidad.

El mono al que quiero hacer referencia es por la ausencia de que alguien nos hable con toda franqueza, de la sostenibilidad, del medio ambiente, de la salud, del procesado de los alimentos y su influencia en la misma, del por qué la escalada de los precios, inflación, deflación y estanflación, de por qué no nos dicen la verdad y que solo nos llegue la mitomanía imperante que a los grandes les permite manejar mercados, ideologías e incluso sentimientos. Sé que soy fuerte, me he currado mis fortalezas, mis limitaciones son menos, pero quien puede abstraerse y concentrarse plenamente en tareas positivas, ante los dislates que está cometiendo este Gobierno, el peor y más destructivo de los tiempos modernos.  

Así amigos y queridos lectores, estoy en disposición de salir de esta ansiedad propia de todo lo que he venido apuntando. Si hay que cogerse a una pancarta para bramar contra la nueva Ley de Aborto que, en su articulado no solo permitirá el asesinato del nasciturus, violando su derecho a nacer, con el nuevo agravante de que lo puede hacer una menor sin autorización de adultos responsables… ¡Allí estaré! Si hay que cogerse a la pancarta para reclamar la distribución justa del agua de todos, lo haré.

Salimos a más de una Ley o Decreto-Ley por día, en estos dos años de locura gubernamental, a cuál más agresiva con la democracia. Toda vez que he confesado mi mono, en casi terapéutica confesión, pues qué queréis que os diga, que me siento mejor y dispuesta a emprender todo lo que os acabo de contar, no estoy para monos, amigos.

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