
De repente, todo el mundo habla de los kits de 72 horas: que si lo recomienda la ONU, que si lo avala el Gobierno, que si las «autoridades competentes» aseguran que es por nuestra seguridad. Y cuando «las autoridades competentes» nos dicen que compremos agua, comida enlatada y un cargador solar, lo lógico no es seguir sus consejos. Lo lógico es preguntarse qué narices están tramando. Porque, vamos a ver, ¿desde cuándo a nuestros gobernantes les preocupa que estemos preparados para una emergencia? Ni para una inundación, ni para un terremoto, ni para la factura de la luz. Pero ahora, de pronto, nos sugieren, con esa vocecita paternalista, que nos hagamos con una mochila de supervivencia «por si acaso». ¿Por si acaso, qué?
La teoría oficial es clara: esto es solo una precaución. No hay nada de lo que preocuparse. No hay motivos para alarmarse. Simplemente, te animan a que te equipes como si fueras Jesús Calleja porque… ya sabes… cosas. Como quien compra un seguro de viaje sin intención de romperse una pierna en Tailandia. Nada sospechoso, gente. Seguid circulando. Pero, si tiramos del hilo, encontramos que esta idea no es nueva. Los kits de 72 horas nacen de una estrategia de gestión de crisis impulsada por gobiernos de todo el mundo. En países como EE. UU., Canadá o Suiza llevan años promoviendo esta cultura de la «autopreservación». ¿El motivo? No porque quieran ciudadanos más autosuficientes, sino porque, en caso de crisis, los recursos gubernamentales son limitados y prefieren que te las apañes solo.
La FEMA (Agencia Federal de Gestión de Emergencias) de EE. UU. lleva décadas aconsejando a sus ciudadanos que almacenen víveres y suministros para tres días. Pero aquí viene la clave: las verdaderas crisis duran mucho más de 72 horas. El huracán Katrina dejó a Nueva Orleans colapsada durante semanas. En la pandemia, hubo ciudades confinadas durante meses. Entonces, ¿por qué justo 72 horas? Sencillo: porque es el tiempo mínimo en el que los gobiernos pueden escurrir el bulto sin que parezca que han perdido el control. Después de ese tiempo, si la ayuda sigue sin llegar, el caos es inevitable. Y ahora, en Europa, nos encontramos con que la Comisión Europea nos insta a preparar nuestros propios kits de supervivencia. ¿La razón oficial? Estar preparados para posibles emergencias como desastres naturales, conflictos geopolíticos, pandemias o ciberataques. Pero, curiosamente, esta recomendación llega en un momento en que las relaciones transatlánticas están más tensas que nunca.
Donald Trump, con su retórica aislacionista, se ha mostrado crítico con Europa y ha cuestionado el apoyo estadounidense en caso de conflictos en el continente. Además, su administración ha mantenido conversaciones con Rusia sin la participación de aliados europeos, lo que ha generado preocupación en las capitales del viejo continente. Entonces, ¿es coincidencia que, justo ahora, nos pidan que nos preparemos para sobrevivir por nuestra cuenta durante 72 horas? Parece más bien una señal de que, en caso de crisis, podríamos estar solos; que la otrora sólida alianza atlántica ya no es tan firme y que es mejor que empecemos a valernos por nosotros mismos.
Porque, amigos, todo en esta vida tiene beneficiarios. Y los kits de 72 horas no iban a ser menos. Pongamos nombres: las empresas de supervivencia, que han pasado de vender a cuatro paranoicos en búnkeres a despachar mochilas como si fueran iPhones el día del lanzamiento; los gobiernos y sus aliados, que logran, de un plumazo, que millones de ciudadanos asuman que algo grave puede pasar… sin que ellos tengan que dar explicaciones; las élites, que, por supuesto, no están haciendo acopio de linternas y latas de atún. Ellos tienen búnkeres de lujo con aire filtrado y servicio de catering.
Tú, en cambio, tendrás una barrita energética y una radio a pilas. Suerte con eso. Las grandes corporaciones, que ven en cada crisis una oportunidad de negocio: desde las farmacéuticas que te venderán su «medicación de emergencia» hasta las tecnológicas que sacarán apps de supervivencia con suscripciones premium. Y nosotros salimos perdiendo. Nos educan en el miedo. No en la autosuficiencia, sino en la angustia de esperar el desastre con una mochilita y un manual de primeros auxilios. Nos hacen responsables de su caos. Si mañana falla el suministro eléctrico, si colapsa la red de distribución de alimentos o si nos encierran «por nuestra seguridad», no será culpa de su mala gestión. Será culpa tuya por no haberte preparado.
Y esto es solo el principio. Hoy es el kit de 72 horas. Mañana será la «ciudadanía resiliente» y los simulacros periódicos de crisis. Dentro de nada, nos venderán suscripciones a refugios premium con duchas de agua caliente y derecho a dos comidas al día. Porque cuando un gobierno te dice que te prepares para una emergencia… es que la emergencia ya está en camino. Nos lo disfrazan de consejo amable, pero en realidad nos están susurrando al oído que algo se está cociendo. Algo que, cuando llegue, te pillará con tres litros de agua, una linterna y la sensación de que te han tomado el pelo otra vez.
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam




Y después de tres días ya nos apañaremos