
Desde la mal llamada “Democracia”, el trabajo más útil y mejor pagado es el de sustraer, con mayor o menor habilidad, dinero público, mientras convencen a sus dueños -el pueblo- que lo hacen por su bien. Y lo peor es que lo vienen practicando tirios y troyanos, azules y rojos, sin ningún cargo de conciencia.
Dijo hace un tiempo una ministra de dudoso proceder que el dinero no es de nadie; por tanto, ellos se lo quedan alegremente, además de administrarlo. La mentalidad popular asume que el gobierno paga, el gobierno da, sin percatarse de que el gobierno no es más que un mero gestor del dinero público que nos roba -perdón, quería decir que nos lo pide amablemente a través de impuestos-, cada vez más abusivos y desesperantes.
Los hay muy ingenuos que te miran y dicen que, si quieres servicios de calidad, tienes que pagar esos impuestos, y cuando tú los miras con mirada de «eres tonto», se revuelven incómodos en el asiento; supongo que su cerebro acaba de explosionar por la ridiculez del comentario. Pero, ojo, no digas que los impuestos hoy en día van a paraísos fiscales, porque entonces eres facha, palabra que utilizan a menudo sin saber realmente lo que significa.
Con estas armas de juguete y gente sin luces tenemos que lidiar, y, claro, los despiertos nos desesperamos y queremos coger el primer avión que salga hacia Tombuctú, sólo de ida. Luego están las ahora llamadas “Charos”, las “Marías” de toda la vida, que cogen la cara del presidente y dicen: “Róbame, ladrón, que me tienes loca”. Así las cosas, no hay solución -no a corto plazo-, porque no hay más esclavo que el que quiere serlo, y la mayoría de españoles se hacen el haraquiri todos los días. Dicen que sarna con gusto no pica.
La prensa afín al gobierno de turno -es decir, casi toda- nos informa de las múltiples subvenciones a sindicatos, partidos, oenegés, fundaciones, que no son más que parásitos habitando un cuerpo: España, al que dejarán totalmente exhausto. Cosas tan peregrinas como que el gobierno ha destinado millones para que las nativas de un pueblo de Colombia se puedan pintar las uñas de los pies, o los transexuales de un pueblecito de Perú se compren ropa de mujer, mientras que en España los enfermos de ELA mueren por falta de recursos o los ancianos las pasan canutas para sobrevivir.
Se llevan nuestro dinero delante de nuestras narices, pero esta vez las leyes que ellos mismos han legislado se lo permiten sin ser delito, y, si te quejas, eres un mal ciudadano egoísta. No parece que, aparte de la sociedad civil, este robo a mano armada -dentro ya de la legalidad- le preocupe mucho, ya que unos y otros se conforman con que gobiernen los suyos, aunque sean corruptos.
Así que el ciudadano de a pie ya trabaja la mitad del año para un gobierno de amantes de lo ajeno, lo que nos esclaviza y nos cabrea a partes iguales, porque donde mejor está el dinero es en nuestras manos. Que no te cuenten milongas. Y ojo, que llega el euro digital: podrán quedarse con todo a golpe de apunte bancario. No tendrás nada, pero, según ellos, serás feliz.






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