El salvador de la izquierda

Llevo una semana un tanto desconectada en cuanto a redes sociales y televisión. Me he dado cuenta de que cuantas más noticias leo, más estafada me siento por la clase política que gobierna en España. Lo dicho, esta semana me he dedicado a mi papel de madre, pero nada ha podido evitar que llegue a mis oídos, y busque toda la información posible sobre el acontecimiento de la semana. El señor Pablo Iglesias deja su puesto de vicepresidente para presentarse como cabeza de lista por Madrid. Como decía la campaña que encabezó después de disfrutar de la baja de paternidad y parte de la de maternidad de su señora: “vuELve”. 

Políticamente, me parece un suicidio y todo esto sin ánimo de ser catastrofista. Nadie en su sano juicio dejaría la vicepresidencia por una apuesta que ya se sabe que acabará perdiendo, aunque la gestión de su ministerio ha sido completamente nefasta y para ser exactos, completamente inexistente. Recordemos que de él dependen (o dependían) las residencias y que todavía después de todo lo que llevamos de pandemia, no se ha dignado a aparecer por ninguna. Está más centrado en no perderse ninguna de las últimas novedades en las series de los canales de pago (aunque se le llenen los discursos de lo público).

Pero lo de la dignidad parece no ser lo suyo, lo de él es el ego. Un ego que sigue aumentando, alimentado por una panda de ilusos a quienes vendió un ideal de república que no llega y por aquellos que defienden la delincuencia y la licitud de delitos tales como la ocupación de la propiedad privada. Se presenta como “El Salvador de la izquierda”. Todo ello, a mi parecer, en un último intento de no perder los pocos diputados que ya de por sí tiene en Madrid. 

Aunque lo peor de todo no es la parte política, sino la ética o moral. Un hombre abanderado del feminismo retira a todas sus compañeras féminas para presentarse como salvador en Madrid.Como si el resto de las mujeres de su partido no estuvieran capacitadas, menospreciando cualquiera de sus cualidades para estar en la política y llevar adelante una campaña. Y no olvidemos a sus contrincantes, que incluso en partidos que Pablo Iglesias tacha de machistas, llevan una mujer como cabeza de lista. No es de extrañar que, sus propios excompañeros, ahora convertidos en otro partido, rechacen una alianza y su candidata critique con ahínco las intenciones del hasta ahora vicepresidente del Gobierno. Volvemos a su ego, ese sentimiento que parece serle tan difícil de controlar y la necesidad imperiosa que tiene él de ser el completo protagonista de la historia. 

Visto esto, no me extraña en absoluto que su compañera sentimental y madre de sus tres retoños, esté tan obcecada en conseguir la igualdad. Quizás antes de pedirla de puertas para fuera, debiera solucionar lo que tiene dentro de su casa, tal y como dijo en una entrevista, para que ella pueda disfrutar de un rato a solas, debe dejar a sus criaturas con su madre o con una cuidadora (todo mujeres).

Vistas estas declaraciones, no me extraña que quiera ganar a base de leyes sin sentido lo que podría mejorar con una simple conversación con su pareja. El se tendría que dejar de tanto ego y más dedicarse a implicar en las labores familiares.

Parece ser que después de todo, el feminista no lo es del todo y el machista no lo es tanto. Todo apunta a que tendremos que esperar para conocer cómo de limpia va a ser la campaña electoral y lo que esta nos va a deparar desde este instante y también si el propio Iglesias seguirá atacando al resto de sus contrincantes para la presidencia que son del sexo opuesto o si lo hará por su gestión en política o por otros atributos. Lo dicho, vuELve y espero que no sea para quedarse.

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