La Caperucita Farma y el Covid Feroz

Un cuento en el aspecto de género literario, se define como la narración de hechos reales o ficticios que se caracteriza por ser breve, con pocos personajes, un argumento poco desarrollado y sin mucha profundidad, con un desenlace sumamente rápido. Otra definición de cuento, que para el tema también vale tomar en consideración, es lo relativo a la excusa o explicación para tratar de legitimar algo que no tiene justificación.

Muchos de los hoy adultos recordamos con nostalgia aquellos cuentos infantiles con los que nuestros padres nos hacían dormir cuando niños. Uno de los cuentos más populares era y todavía es el de “La Caperucita Roja y el Lobo Feroz”. En este cuento se relata la historia de una niña ingenua, a la que todos llamaban “La Caperucita Roja” que fue enviada por su madre a la misión de llevarle comida a su abuela enferma, y en el camino la niña se desvió de su misión inicial y se entretuvo recogiendo flores, se encontró con el “Lobo Feroz” quien le ofreció visitar juntos a la abuela de la niña, pero en realidad “se adelantó” y al llegar primero se comió a la abuelita. Cuando llegó la niña, el lobo se hizo pasar por la abuelita y se la comió también. El cuento termina cuando un cazador descubre al lobo, le abre la barriga con un cuchillo y extrae sanas y salvas a Caperucita Roja y a su abuelita; en su lugar, el cazador llena de piedras la barriga del lobo, éste cae al río y muere.

Dicho relato fantástico y sus peculiaridades se han convertido en la inspiración para analizar desde una perspectiva distinta algunas reflexiones a través del símil sobre la actual situación local y general a nivel del mundo provocada debido a la pandemia por el virus del Covid 19, momento a partir del cual, invito a clickar a los ciber lectores sobre los enlaces color naranja, veamos:

Desde que inició la pandemia, a finales del año 2019, lo visto y oído ha sido la campaña de adoctrinamiento y propaganda masiva vía todos los medios de comunicación para ilustrar al Sars-Cov2 o Covid 19 con “la ferocidad del lobo” en el mencionado cuento y a las farmacéuticas con la “ingenuidad, la nobleza y altruismo” de la Caperucita Roja por el hecho de haber creado las «súper eficaces» vacunas contra el virus. En este punto es preciso aclarar que “Farma” es una voz de origen griego (Pharmakon), que significa “medicamento”, y es un elemento radical usado en palabras compuestas como “Farmacia” y “Fármaco”, entre otros vocablos derivados de la misma raíz, afirma un ciber portal chileno sobre etimología.

Del virus Covid 19, en principio se decía que andaba “por todas partes”, que se transmitía por el aire (de ahí el uso constante de las mascarillas, hasta estando al aire libre), se pegaba en el pelo (por eso las mujeres andaban y algunas aún andan, con la cabeza envuelta en gorros o sombreros), se metía por los ojos (por ello la compra masiva en principio de gafas plásticas especializadas para proteger la vista), se pegaba de las superficies, de la ropa, de los zapatos; igualmente se aseguraba que se transmitía y por lo tanto “estaba presente” en la saliva y la respiración de la gente… En fin, era EL VIRUS MAS MORTAL de todos los tiempos que quien se infectaba difícilmente sobrevivía.

Por otro lado, sobre “la Farma” y su producto estrella, los ingenieros de la opinión pública se han encargado de proyectar su imagen como de verdaderos héroes del microscopio y la investigación científica, debido a los altos índices de eficacia asegurada por las farmacéuticas sobre las vacunas que fabricaban y la habilidad de haberlo hecho “en un tiempo récord”. Pfizer por ejemplo, aseguraba un 95% de eficacia, Moderna un 94.1%, Jhonson & Jhonson un 72%, Aztra Zeneca un 76% y Sinovac resultó con un 50.7% según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (en lo adelante OMS) en Brasil.

Sin embargo, la manera en la que los hechos y el tiempo han desmentido y a diario desmienten dicha “narrativa oficial” es digna de observar, a casi ya dos años actualmente del inicio de la pandemia, comenzando con lo dicho sobre “El Covid Feroz”, ya que ha sido la propia OMS que ha desmentido su propagación por aire, corrigiendo incluso a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en los Estados Unidos, conocidos por sus siglas en inglés CDC, que defendía el uso estricto y obligatorio de mascarillas al aire libre bajo la premisa falsa de que “el Covid se propagaba por el aire”, llegando incluso su Directora, Rochelle P. Walensky a ser interpelada por el Senado de Estados Unidos, donde admitió que la aseveración hecha por la institución que dirige nunca estuvo basada en datos precisos (Episodio reseñado por el The New York Times, en la columna del periodista David Leonhardt).

No obstante, son los mismos CDC de Estados Unidos que admiten que el riesgo de contagio del virus en superficies es de 1 entre 10,000. Igualmente, según la fórmula proporcionada por la propia Organización Mundial de la Salud, disponible en el siguiente enlace https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/333857/WHO-2019-nCoV-Sci_Brief-Mortality-2020.1-spa.pdf, se trata de una enfermedad cuya letalidad actualmente se estima por debajo de un 2% de los que han sido infectados, así que “NI TAN FEROZ” como se ha proyectado. Vemos que aún se sostiene la tesis de que el virus se transmite en la saliva y la respiración de la gente, de manera que es lo más lógico pensar que se encuentra allí, pero resulta ciertamente cuestionable que para determinar vía PCR o Prueba de Antígenos si una persona está positiva, se requiere introducirle un largo hisopo casi hasta los sesos para poder “encontrarlo” y diagnosticarlo. 

¡Ni qué decir de “La Caperucita Farma”! que tanto mercadeaba sus porcentajes de “eficacia” en el desarrollo de sus vacunas, pero revistas tan prestigiosas como la conocida y reconocida The Lancet” en el mundo de los médicos y la medicina, equivalente en el mundo del derecho a una jurisprudencia de Altas Cortes, ha publicado que tales cálculos de eficacia en cuanto a las vacunas no son correctos ni precisos y más bien según cita textual “…introduce sesgo de notificación, lo que afecta la interpretación de la eficacia de la vacuna…” al utilizar el cálculo de Reducción de Riesgo Relativo (RRR) mas no el cálculo de Reducción de Riesgo Absoluto (ARR). Y es así, como The Lancet corrige los pomposos números de la eficacia y los coloca en sus resultados reales de esta manera: Para Pfizer una eficacia real de 0.9%, para Moderna 1.4%, para Jhonson & Jhonson 1.8% y para Astra Zeneca 1.9%.; situación ésta, que ya había sido advertida por otros profesionales de la medicina como la Dra. Karina Acevedo, profesora de la Facultad de Ciencias Naturales en la Universidad de Querétaro en México.

Como si todo esto fuera poco, son múltiples las reseñas periodísticas que dan cuenta de que NO SIEMPRE “La Caperucita Farma” ha sido la niña ingenua, noble y altruista que la ingeniería de la opinión pública nos ha mostrado últimamente, siendo una de las más memorables, lo acontecido en el 2009, sobre el escándalo descubierto por el entonces Presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Wolfgang Wodarg, quien reveló en ese entonces que las farmacéuticas pretendían crear una falsa pandemia, aquella vez en base a la gripe AH1N1 con el propósito de vender sus vacunas, situación debidamente reseñada por las agencias noticiosas CNN en español y Reuters o RT (ambas reseñas disponibles en sus canales oficiales de YouTube).

De igual manera, las reseñas periodísticas e investigativas dejan constancia de los manejos no éticos ni totalmente transparentes en los que de una forma repetitiva incurre “La Caperucita Farma” una y otra vez, como es el caso de la presunta utilización de sobornos, fraudes, comisiones ilegales, publicidad engañosa, ocultación de información, productos adulterados y un largo etcétera, recogidos en múltiples portales informativos reconocidos, pero llama aún más la atención que sea otra prestigiosa revista médica de nombre “Journal of the American Medical Association (JAMA)”, la que da constancia a través de un estudio realizado por tres de sus colaboradores profesionales de la salud igualmente, quienes elaboraron un estudio en el año 2020 dedicado a recoger unas 196 condenas judiciales que pesaban en contra de farmacéuticas como Pfizer y Jhonson & Jhonson, entre otras, bajo el título Financial Penalties Imposed on Large Pharmaceutical Firms for Illegal Activities”, en español traducido “Sanciones Financieras Impuestas a las Grandes Empresas Farmacéuticas por Actividades Ilegales”, en cada una de dichas sanciones bajo las imputaciones mencionadas en este mismo párrafo…así que NI TAN INOCENTE, NI TAN BONDADOSA LA NIÑA.

Y como si todo esto fuera poco, la agencia europea Reuter o RT da cuentas sobre una investigación periodística realizada por otros colegas suyos de la información, la cual sostiene que Pfizer ha incurrido en extorsión, exigiendo colocar activos soberanos de los países, incluyendo República Dominicana, como garantía en caso de ser objeto de demandas judiciales futuras, al tiempo que exigía completa “confidencialidad” de los contratos, lo cual resulta atentatorio contra el Principio de Transparencia.

Al haber navegado toda esta travesía narrativa, debidamente trabajada, elaborada y más que sazonada durante todo un año y medio, solo nos queda mantenernos expectantes para ver cómo por fin termina la historia, pues como se suele decir cada vez que se habla de cuentos: “Vamos a esperar EL FINAL, porque en esencia es la parte más importante en todos los cuentos…”.

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