Putin contra la homosexualidad

Todo lo que dijo aquel día Bruno Velasco en nuestra reunión pareció cosa de su libre y ardiente imaginación. He aquí sus palabras:

“Un sainete, una ópera bufa, un esperpento. Esto os parecerá lo que voy a contaros hoy. Me limitaré a exponer quiénes son los dramatis personae y el papel representado por cada uno. 

El primero es Putin, junto con sus adláteres. Creen que la decadencia de Europa y Estados Unidos es sexual. A sus opositores, que se manifestaron pidiendo un recuento de votos en 2011 y 2012, se les tachó de imbéciles agentes de la decadencia sexual mundial que ponían en peligro a la inocente Rusia. Putin dijo en televisión que los lazos blancos que llevaban los manifestantes le sugerían condones. Durante una visita a Alemania en 2011 declaró ante Angela Merkel que la oposición rusa era sexualmente deforme, homosexual. Los que votaban con la vista puesta en Occidente votaban por la sodomía, pero Rusia era y tenía que seguir siendo pura. No debe causar extrañeza, pues, ver las muchas fotografías del jerarca ruso en pose viril. El año 2017 se convirtió en delito calificarlo como payaso homosexual.

El segundo es Marine Le Pen. El año 2013, después de aprobarse en Francia los derechos de las parejas homosexuales,  Marine y su Frente Nacional se unieron a la resistencia contra lo que se pensó que era una campaña mundial de sodomitas. Ella visitó Rusia en junio y se adhirió a la convicción de que los derechos de los homosexuales no son otra cosa que la avanzadilla de un complot mundial neoliberal contra las naciones puras e inocentes. La homofilia, afirmó, es uno de los elementos de la globalización, por lo que Rusia y Francia debían luchar juntas contra el nuevo imperio mundial emponzoñado por la enfermedad de la comercialización. Sus palabras reforzaron una convicción de muchos nacionalistas rusos: no es posible que un ruso, afirman, se conduzca de forma sexualmente desviada, de modo que si ha contraído el sida ha sido por efecto de una guerra biológica emprendida por Occidente.

El tercero es Spencer, un supremacista blanco estadounidense casado con la traductora de Alexander Dugin, uno de los ideólogos que inspira a la cleptocracia rusa, un híbrido de Hitler y Carl Smitt rusificados con el que Putin comparte el eurasianismo: Eurasia extendida desde Lisboa hasta Vladivostok bajo el dominio espiritual y material de Rusia. Fue llamado a Rusia para conversar sobre las relaciones entre este país y los Estados Unidos. Spencer admira a Putin, piensa que Rusia es la única potencia blanca del mundo y culpó en su momento a Obama de comenzar una nueva guerra fría por causa de la campaña rusa contra la sodomía. Unos años más tarde gritaría: “Hail Trump, hail nuestro pueblo”.

El cuarto es Donald Trump, que hizo su particular aportación a la heterosexualidad llevando un concurso de belleza femenina a Moscú. En verdad, él no fue el organizador, sino el supervisor, por lo que cobró veinte millones de dólares. No era la primera vez que entraba en relación con los rusos. El año 2013, mes de abril, el FBI detuvo a veintinueve personas en la Trump Tower por organizar ciertas maquinaciones sobre apuestas. Al frente de los veintinueve estaba Alimzhan Tojtajounov, un ruso que se dedicaba a blanquear dinero desde un despacho situado debajo del de Trump. Mientras tenían lugar las detenciones, Tojtajounov asistía al concurso de belleza en Moscú, sentado un poco detrás de Trump. El fiscal norteamericano que autorizó la redada del FBI fue destituido por Trump cuando llegó a la presidencia. Un último apunte: un abogado ruso, aconsejado por el fiscal jefe de la Federación Rusa, ofreció en junio de 2016 a los ejecutores de la campaña de Trump documentos sobre Hillary Clinton.

El último, por ahora, es Kirill, el Patriarca Ruso, quien el día del Domingo del Perdón, que este año ha caído el 12 de marzo, dijo en su sermón que la invasión de Ucrania es una guerra contra el lobby gay, una guerra metafísica cuya misión está por encima de lo político.
Hay muchos más personajes en esta comedia, como habréis supuesto. Su simple enumeración sería prolija y su desenlace todavía no se ha consumado. Debo deciros, sin embargo, que toda coincidencia con la realidad es cierta y puede probarse en muchas fuentes. Una de ellas es un libro de Th. Snyder, The Road to Unfreedom (hay traducción española).»

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2 Comments

  1. En Rusia está muy extendida la creencia de que Occidente está en decadencia, de lo cual sería una prueba la homosexualidad, el matrimonio de parejas del mismo sexo, etc. La convicción de sus ideólogos, como Dugin, es que la espiritualidad rusa (¿?) debería extenderse a Eurasia (desde Lisboa hasta Vladivostok)

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