Oclocracia

La R.A.E. define la oclocracia como el sistema de “gobierno de la muchedumbre o de la plebe” o, en palabras llanas, el gobierno dirigido y destinado a ciudadanos que creen sin cuestionarse lo que sus gobernantes les transmiten, sin cuestionarse en ningún momento la veracidad y realidad de aquello que les cuentan y que ellos mismos viven. España, en estos momentos y bajo el gobierno de Pedro Sánchez (“Antonio” para los amigos), es un ejemplo claro de oclocracia, un vertedero intelectual y una inverecundia tal en la que las mentiras, la hipocresía y el cinismo más descarado campan a sus anchas ante el estupor de los ciudadanos que ven como la política se ha convertido ahora más que nunca en un bastardo juego de trileros, donde no se busca la prosperidad y el bien común (aunque siempre se ejecuten las decisiones aludiendo a ello), sino el beneficio propio y ajeno de unos cuantos que juegan a ser dictadorzuelos de medio pelo usando artimañas propias del caciquismo más vomitivo y ancestral.

Sabedores estos autócratas del todo a cien de que la apuesta por su línea de juego puede salirles bien en el ciego afán por satisfacer a sus amos globalistas, han puesto la máquina de destruir y corromper la sociedad, la patria y lo que es más grave, las almas, a velocidad de crucero, pues tienen claro que tras la pandemia y esta crisis económica que venimos arrastrando,  muchos ciudadanos ya hartos podrían revelarse y mandarlos a paseo siguiendo el ejemplo de nuestros vecinos franceses, quienes en el hastío de que se les mienta y se dilapide su dinero, han mandado al baúl de los recuerdos a los socialistas franceses. Por cierto, veremos qué pasa el día 24 de abril, si finalmente los franceses recuerdan al votar cómo se les ha perseguido por tierra, mar y aire durante la pandemia (especialmente a los no vacunados), en el nombre de la Liberté, Egalité y la Fraternité del “henchido en sí de gozo” y feliz de conocerse Macron, o cómo se está librando un cambio étnico y social en su patria gracias a sus políticas.

La labor de corrupción de almas mediante la conquista de unos nuevos pseudo-derechos la tienen encarrilada. Recordemos la ingente cantidad de dinero destinada al mal llamado Ministerio de Igualdad para defender a la mujer de una falsa opresión, o como dan la matraca con el colectivo “LGTBIJKHI+”, en una clara intención en gobernar en nuestras alcobas y nuestra intimidad, decirnos qué está bien y qué está mal, y quién está oprimido y quién es opresor. Se han esmerado en difuminar la línea que separa la libertad del libertinaje, a la par que tiran por tierra los valores más profundos del ser humano, como la protección de la vida, véanse pues las aberraciones con las que nos obsequian actualmente sobre las conquistas de derechos relacionadas con los abortos (recordemos a ese chef tan ingenioso que daba a sus comensales una sopa en cuyo centro flotaba un compuesto alimenticio que simulaba un feto). Desnaturalizar el sentido que tiene la muerte, restarle importancia y deshumanizar a los que están por nacer es un objetivo tan repugnante como el que llevan en su agenda con el lavado de cerebro de los niños al que me referiré a continuación.

Los aragoneses tenemos la cruz de contar con la ministra de Educación entre nuestras filas. Pilar Alegría se llama ella; la lástima es que con un nombre tan bonito esté realizando una labor tan grave y mezquina como la que está perpetrando desde su poltrona, privando a los niños de unos contenidos en el colegio que les permitan formarse debidamente y que despierte en ellos el espíritu crítico, que a su vez los prepare para afrontar la frustración y les enseñe que el esfuerzo y la constancia son claves en esta vida. Pero ya sabemos de qué va esto, de ahí que no nos extrañe que la prioridad en educación sea llenar de perspectiva de género materias como las matemáticas, o fomentar y facultar el aprobado general con independencia de los suspensos del alumno, toda una oda a la mediocridad y un atentando directo a la meritocracia. Una obra magnífica en la que producir en masa futuros votantes socialistas, perfectos esclavos mentales, que no piensen y sólo obedezcan.

En definitiva, saben que, aunque se les eche del poder, como sucederá más pronto que tarde, la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo, y desgraciadamente hace mucho tiempo que toda noticia que anuncian nuestros gobernantes es peor que la anterior y va dirigida a un fin muy concreto y que ya hemos descrito. Conviene estar alerta y despiertos, conviene conocer la realidad del mundo en el que vivimos, y conviene por último revelarnos y dar batalla diariamente sin perder la esperanza porque, como dice el refrán, tras las nubes viene el sol, y tras el mal tiempo, otro mejor.

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