Lozano, muy lontano

Hace días que incumplo mi compromiso con Minuto Crucial y esto no me produce satisfacción, sino todo lo contrario. Dos razones de peso confirmarían mi aserto: de un lado, mi compromiso con este magnífico promotor que nos convoca, a quien yo le llamo cariñosamente ‘Jona’, ya que podría ser mi nieto; y, de otro, que me gusta más que mucho esta posibilidad que nos brinda de poder comunicar a título de opinión no profesional.

Por fin, de nuevo retomo. Tras un cúmulo de tareas, unas buenas y gratificantes y otras no tanto, que agotan, como os digo, hasta mis más pequeñas satisfacciones. Es como un nuevo comienzo al que quisiera aportar algo nuevo. Pero, amigos, está todo inventado a la hora de hacer caer la crítica por alguna parte, con el ánimo de reconducir cuestiones que se nos van de las manos.

Nada nuevo bajo el sol, reza el adagio; nihil novum sub sole, dirá el Eclesiastés. Me viene a la memoria «La Lozana andaluza», que se atribuye al clérigo Francisco Delicado, donde la moza de nombre Lozana sabía de las artes femeninas para engatusar incautos. Nada lozano, nada fresco y sano, por cierto, nada transparente; todo atribuible al desmadre político que ya está en situación de corrompido y maloliente.

Amigos, nadie puede vivir ajeno a la política. Su influencia es total desde que las sociedades se estructuran bajo sistemas organizativos. Esta paremia va a ser mi soporte para reflejar cómo el político puede ser tan malo como preciso. Los paganinis estamos en la esfera del trabajo, en la tarea de sacar adelante a la familia, y aceptamos entregar al establishment de turno. Pero eso sí, elegido por el procedimiento participativo y democrático, precisamente para que tomen decisiones políticas acertadas que nos permitan dedicarnos en libertad a lo nuestro. El staff político debe dotarse de estudios prospectivos para saber hacia dónde caminan nuestros esfuerzos. Con esos datos y con espíritu de servicio, se puede hacer mucho bueno por la sociedad.

Hasta aquí, la teoría, con el añadido de organismos que vigilan que los políticos no nos la den con queso tipo feta o gruyere. En España, se está quedando lontano la lozanía del gobierno de la Nación. Hemos caído en manos de un arma de destrucción masiva, que se venga de los rechazos ciudadanos recibidos, cada vez más notorios, haciendo malabares con ideologías incompatibles. Pero, mientras quede, irá dilapidando democracia, economía y decencia. Se da la circunstancia de que uno de los beneficios que esperábamos de la Unión Europea era precisamente apoyarnos en la defensa de los rapaces. Pero, hasta el momento, parece que su función aún no estaría encajada en sus obligaciones para con los países miembros. O sea, yo lo entiendo como quien espera que le amputen el miembro pasivamente, para luego, activamente, coserlo como se pueda y como se pueda, que para eso Europa sí tendría potestad.

Creo que no debe demorarse ni un segundo la búsqueda de algo nuevo para salir de esta situación agónica que protagoniza un presidente acabado, perdido en la miseria moral de su egoísmo. Solo unas elecciones generales podrán despejar tantos nubarrones: nuestra democracia, nuestra Constitución, nuestra estima, para poder seguir trabajando sin sometimientos tan extremos de tiranía política.

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