Hastío estival

Recién entrado el verano o pasado el solsticio, que queda más místico o cultural, el personal solo tiene una cosa entre ceja y ceja: vacaciones. A pesar de que en este país si hay algo que no falta es fiesta, la gente busca cualquier destino veraniego con el fin de escapar de la rutina, bien sea laboral, estudiantil o simplemente la diaria. O política. Aunque bien se podrían mezclar todas ellas; al fin y al cabo, cualquier grupo de estudiantes estaría encantado de pasar unos días en ese famoso chalet donde Ábalos hacía y deshacía a su antojo a costa del contribuyente.

Y es que, independientemente de quién sea el español que se vaya a tomar unos días de asueto, la situación en la que se encuentra inmersa la política nacional, incluyendo la autonómica, casi obliga a cambiar de canal y dejar la prensa de un lado porque llega un momento que uno está, sencilla y llanamente, harto. Puigdemont, Palestina, Milei, fachas, rojos, Koldo, Begoña, lawfare… se podrían llenar líneas y líneas con nombres propios o palabras con las que se bombardea todos los días y a todas horas al ciudadano, al que solo le queda una salida: desconectar.

La política española está alcanzando el nivel del mejor culebrón venezolano o serie de sobremesa. Los Ricos También Lloran, el que le gustaría a la izquierda. Puente Viejo, el favorito del señor Ministro. Pasión de Gavilanes, aquí, los hermanos Reyes encandilaron a todas. O Betty la Fea, que es la que menos gusta, porque siempre hay alguien que tiene que cargar con ella, con Betty, o sea, con la más fea. Y esto, en un gobierno con tantas cosas turbias como el que encabeza Pedro Sánchez, es un peligro, principalmente para los que les rodean; este hombre ya ha dado muestras de que no le tiembla el pulso a la hora de cargarse a cualquiera que pueda poner en peligro su trono que, dicho sea de paso, vive al límite desde el primer día.

Pero volviendo al hartazgo, la realidad es que cualquier asunto que afecta a los españoles, recuerda a ciertos senadores del imperio romano que se dedicaban a hablar y hablar durante días o semanas con tal de que la votación o decisión que afectaba al imperio no se llevara a cabo. Medidas no, pero palabrería y postureo… eso le sobra a más de uno. En cualquier caso, este no es un mal año para el Gobierno. De momento, España se ha clasificado para la siguiente ronda en la Eurocopa y encima con buenas “vibras”, que se dice ahora. Ver a Sánchez sentado en el palco con Olaf Scholz o Emmanuel Macron, jefes de las potencias europeas, económicas y futbolísticas, sería la foto con la que sueña el líder socialista. Si luego Ceferin, que manda más que todos ellos juntos, le da una palmadita o le dedica una sonrisa, ya está el lío montado: que si España va como un cohete, que si Pedro el Grande, que si el líder mundial…

Y si no hay foto de palco, pues nada, las Olimpiadas también están a la vuelta de la esquina. Alguna medalla caerá. Ya se encargará la Ministra Alegría de ir a por la portada para más tarde achicharrar al pobre espectador o lector de las bondades y grandezas de las políticas progresistas con las que el socialismo hace crecer el deporte nacional. Veremos a ver cuántos deportistas venezolanos, cubanos o bolivianos aprovechan el viaje para quedarse en París. La cuestión es que, disfruten los españoles del deporte, la playa o la montaña, porque si la turra que llevamos encima no es bastante, preparémonos para lo que nos viene después del verano. Pedro, Pedro y más Pedro a todas horas. Disfruten, un rato largo más, de lo votado.

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