Relato ucrónico de un indulto

Los acontecimientos que han tenido lugar en torno a la persona de Mario Granada en las pasadas semanas y años asustan al miedo. Tal como recordarán Mario Granada Sánchez fue condenado como autor de un delito de sustracción de menores con una pena accesoria de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena y a la pena de inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad.

Los hechos por los que fue condenado tuvieron lugar hace varios años. Por aquel entonces ejercía la presidencia de la organización ultraderechista “Infancia Nacional”. Multitud de diarios se hicieron eco por aquel entonces de las buenas relaciones de Mario Granada con miembros del actual gobierno de coalición de ultraderecha, cuando se hizo pública una foto del condenado junto a Iván Espinosa de los Monteros, ministro de Interior, y algunos de sus colaboradores.

De la documentación que obra en la sentencia por la que fue condenado se destaca que Mario Granada recluyó a su hija de 9 años en una casa ruinosa con las ventanas tapiadas en la localidad de Bollullos del Embuste. Más allá de la gravedad de que la niña no fuera escolarizada, tampoco consta que recibiera durante todo el tiempo de su cautiverio asistencia médica ni ningún tipo de vacunación. Los atestados policiales señalan que, en el momento de la detención de Mario, su hija se encontraba en compañía de otro niño, hijo de otra relación sentimental previa, en una estancia cuya única decoración era más de un centenar de proverbios bíblicos. El niño al parecer se acercó a los agentes olisqueándolos como un perro para así identificarles en un estado que ha sido descrito como “síndrome de niño lobo”.

Ello no obsta para que, en fechas recientes, bajo la rúbrica del actual ministro de justicia Javier Ortega Smith se haya procedido al indulto de Mario Granada mediante real decreto. En esta resolución perpetrada por el ministrable ultraderechista se recoge lo siguiente: Vengo en conmutar a don Mario Granada Sánchez la pena privativa de libertad impuesta por otra de dos años de prisión, y conmutar la inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad por ciento ochenta días de trabajos en beneficio de la comunidad, a condición de que no vuelva a cometer delito doloso en el plazo de cuatro años desde la publicación del real decreto.

Dado que sobre Granada no constan antecedentes penales, probablemente ello implicará su no entrada en prisión a pesar de la gravedad de los hechos. Asimismo, este individuo, debido a lo estipulado en la norma que lo indulta, podría en el futuro reclamar la patria potestad de la niña, a pesar de que varios medios de comunicación se han hecho eco de que la pequeña ha declarado: «Me da miedo mi padre». «Es mentira lo que dijo de que mi madre me pegó». «No me gustó que me llamara retrasada». «Con el vivía como en una cárcel, sin amigos y sin estudiar». «No quiero que siga peleando por mí porque estoy bien con mi madre». «Lo que quiere mi padre es hacer daño a mi madre, pero no se da cuenta de que me hace daño a mí».

Este trémulo relato no termina aquí. En una reciente comparecencia pública que será recordada como una villanía, la vicepresidenta del gobierno, Isabel Diaz Ayuso, ha calificado a Mario Granada, condenado mediante sentencia judicial firme, como un “padre abnegado y protector” que actuó en interés de su propia hija alejándola de una madre maltratadora, motivos que justifican la medida de gracia. En similares términos se han pronunciado de forma vergonzante públicamente algunos de sus asesores y acólitos.

Asimismo, hace tan solo unas semanas Alfredo Urdaci, en “Las mañanas de RTVE” ha frivolizado cruelmente sobre este asunto alegando que el indultado actuó de forma correcta pues debía alejar a su hija de una madre a la que ha definido como pederasta. En este sentido, cabe indicar que sobre la madre de la niña secuestrada, Rafaela Marcos, no pesa ninguna condena ni tan siquiera imputación por tales hechos, por lo que Urdaci podría haber incurrido en un delito de calumnias que el Código Penal define como “la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad”.

Lo acontecido en este caso recuerda al escabroso periplo judicial de Juan Rivera, también condenado por delito de sustracción de menores y a la pena de inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad, y también indultado el pasado año por el gobierno. El relato del delito cometido fue edulcorado por parte de políticos y opinadores de toda cuerda ideológica con la conocida campaña “Juan está en mi casa”.

Si ha leído usted hasta aquí y su entendimiento iguala al de un gañán de bueyes, se habrá percatado unos cuantos párrafos atrás que este es un relato ficticio y ucrónico. Pero si además en el último mes no ha vivido usted en la cara oscura de la luna todos los hechos relatados le sonarán de algo. ¿Se imagina usted por un segundo que las tropelías de Mario y Juan las hubiera cometido una mujer?

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