PODEMOS ser hipócritas

Vivimos en una sociedad plagada de envidiosos. El “obrero” ataca al empresario por poseer este una cuantía considerable de dinero o un negocio ganador.

El “pobre” critica al rico, porque el adinerado tiene la posibilidad de vivir con un alto nivel de vida cosa que él no. Pero lo que no deducen, tanto el “obrero” como el “pobre”, es que el “empresario” y el “rico”, para llegar adonde han llegado han tenido que tomar una serie de decisiones que han conllevado a ese éxito en su vida y que, si hubiesen sido erróneas, estarían igual o peor que ellos por el hecho de arriesgarse a montar su propio negocio.

No todos los asalariados tienden a votar a un partido obrero, ni tampoco todos los adinerados lo hacen a las formaciones de derechas. Ese mantra siempre ha vendido en nuestra sociedad. Se nos ha querido hacer ver que es una verdad objetiva cuando no lo es.

¿Cuántos actores votan a partidos de izquierdas? No son uno, tampoco son diez, serán cientos, especialmente cuanto estos ganan un dineral y son un “Bardem”. En la política pasa tres cuartos de lo mismo. El que vende lo injusta que es la pobreza es el primero que se enriquece de ella.

La incongruencia en las palabras dentro de la clase política está a la orden del día y, si hay un partido que peca de incongruente, ese es Podemos. El líder de la formación morada, en sus inicios nos vendía que hay que ayudar al pobre, al obrero, que todos merecemos tener una vida digna. Se ha dedicado a increpar al “poderoso”, al empresario y a quien disentía con el discurso políticamente incorrecto pero veraz.

Este también cargaba contra la clase política, a quienes llamaba “casta” por poseer casas con piscina. Esto lo hacía desde su casita de 60 metros cuadrados, heredada de su tía-abuela en el barrio de Vallecas. Pero, ¡lo que es la vida! Ahora él tiene una casa en la zona de Galapagar, igual o mejor que la de esos a los que llamaba “casta”, y parece ser que está a expensas de hacerse otra, según apuntan diversos medios de comunicación.

Luego tenemos a una Irene Montero que nos vende feminismo a punta pala, pero ahí está, menos por méritos propios, por cualquier cosa, sobre todo por ser la “Marquesa de Galapagar”. Otra escudera de los pobres y de la clase obrera, que cuando está en la intimidad hace ademanes de pija y utiliza palabrería remilgada de esos mismos a los que tanto critica.

¡Ups! Hablando de pijeríos, ¿no es incongruente que esta señora nos venda igualdad, pero luego resulta que hace cosas de “ricos” (rompiendo la tan igualdad entre clases), como reportajes al más puro estilo Isabel Preysler? Que me perdone esta segunda por la comparativa con la ministra de la DESigualdad, ya que la cultura de la ex de Julio Iglesias es infinitamente superior a la de Montero. Montero, aquella a la que le gustaba decir eso de “solas y borrachas queremos llegar a casa”. Que por cierto, vaya frasecita se inventó la susodicha. En vez de pedir que tanto mujeres como personas en general beban con moderación, buscar la rebeldía feminista a toda costa con tal de conseguir la supremacía de las de su sexo, incluso promoviendo conductas irresponsables.

Hablando de Podemos y sus incongruencias, no hay que olvidar otra frase, esta vez del ministro de Turismo Alberto Garzón, comunista de pro, en la que aseguraba que “un delincuente no puede ser de izquierdas”. Parece ser que el bueno de Garzón se olvida de los casos de los ERES, en los que la izquierda está metida hasta las trancas, o en los líos que la delegación de IU de Madrid tenía con Hacienda.

Si hay un partido político que representa todo lo negativo que hay en esta sociedad, ese es Podemos. Todas las cualidades que se me vienen a la mente cada vez que pienso en esta formación, no son halagüeñas. Discriminaciones; etiquetas despectivas al que piensa diferente a ellos; vender igualdad, pero generar desigualdad entre sexos; y de lo que hoy os estoy hablando: enfrentar a pobres contra ricos, aunque luego ellos sean los primeros que cuando se enriquecen viven igual o mejor que aquellos a los que critican.

De todas formas, la culpa en este caso no la tienen Pablo Iglesias, Irene Montero, Pablo Echenique u otros políticos de esta formación, sino los que les votan aun a sabiendas de que son unos auténticos hipócritas vendehúmos. Cada vez son menos los que apuestan por Podemos (cada vez que hay unas elecciones van a la baja), pero desgraciadamente aún cuentan con personas afectadas por el síndrome de Estocolmo, que se creen todo lo que sueltan estos sujetos por sus lenguas acomplejadas y viperinas.

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