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Veinticinco años se tarda en olvidar. Veinticinco años se tarda en perder la dignidad. Veinticinco años se tarda en traicionar a cambio de un puñado de monedas. Veinticinco años es el tiempo que ha pasado desde que una banda terrorista asesinaba a Miguel Ángel Blanco. Hay quien dirá que fue uno más. Pero no, no lo fue; ni en formas, ni en consecuencias. Todo el país se echó a la calle tras ver incrédulo cómo ETA amenazaba al gobierno de Aznar con ejecutar al concejal de Ermua si no se plegaban a sus exigencias. Así, miles de ciudadanos de todos los rincones de España se manifestaron esperando un milagro que no llegó.

Veinticinco años después, un alto porcentaje de la juventud no sabe quién es Miguel Ángel Blanco. El llamado espíritu de Ermua trata de mantenerse vivo, aunque algunos pongan todo su empeño en que vaya quedando en lo más profundo del baúl de los recuerdos y que aquella ejecución se convierta en una más, por mucho que sus compañeros de partido le homenajeen cada año, conservando y mostrando su legado a través de la Escuela Miguel Ángel Blanco. El ser humano es egoísta por naturaleza y su única preocupación es el ahora. Y si en ese ahora, lo que está en juego es el poder, el egoísmo alcanza niveles a los que solo llega la élite. Y en esa liga, Pedro Sánchez es de los buenos, de los mejores. En estos momentos toca juntarse con los que en su día apretaron el gatillo y celebraban lo que otros lloraban. Todo vale con tal de seguir en el trono.

El presidente del Gobierno es el auténtico exponente del ansia de poder. Sería capaz de cualquier cosa si con ello se mantiene al timón del navío tocado y casi hundido en el que se ha convertido el Partido Socialista. Sus socios de gobierno le tienen atado de pies y manos haciéndole claudicar con cualquiera de sus peticiones sin ruborizarse lo más mínimo. Es egocentrismo en estado puro. Y cuando no es él quien se enorgullece de su gestión, aparece Zapatero y le pone un sobresaliente. ¿Pero quién le ha dado vela en este entierro? ¿Por qué no se queda en Venezuela donde todo es, según él, maravilloso?

Pero principalmente, sus afiliados, simpatizantes y votantes, algo tendrán que decir. ¿A caso no hubo muertos en las filas del PSOE? A la totalidad de la familia socialista, como les gusta llamarlos, no le agradará ver cómo los herederos de ETA les dan lecciones de moralidad. Si a todos les parece bien, algo está haciendo mal el ser humano. Quizás ese sea el problema: socialistas, populares, derecha, izquierda, ertzainas, guardias civiles… ¿por qué separarlos? Eran personas: padres, madres, hijos, hermanos… Que a nadie se le olvide que se mataron personas como usted, como yo, como el vecino de al lado. Y desgraciadamente, la realidad es que solo sus familias los recuerdan cada día, pero para los demás, fueron un momento duro, una noticia que llenaban todos los noticiarios y que poco a poco va quedando en el olvido.

Pero eso no importa, también entre los que ya no están con nosotros hay niveles de importancia de los que un político sin escrúpulos puede sacar unos cuantos votos a través de, por ejemplo, una rimbombante Ley de Memoria Democrática. En esto, Sánchez sí que ha echado el resto, para esclarecer los cientos de asesinatos de ETA que quedan sin resolver, no hay tanta prisa, bueno, ninguna. Veinticinco años después, como entonces, algo está cambiando, pero para mal. Veinticinco años después alguien se estará removiendo allá donde quiera que esté.

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