Es por tu salud y la de los tuyos

«El número de participantes en el programa de desarrollo clínico actual es demasiado pequeño para detectar cualquier riesgo potencial de miocarditis asociada con la vacunación. La seguridad a largo plazo de la vacuna COVID-19 en participantes de 5 a 12 años se estudiará en 5 estudios de seguridad posteriores a la autorización, incluido un estudio de seguimiento de 5 años para evaluar las secuelas a largo plazo de la miocarditis / pericarditis posterior a la vacunación».

Así empiezo este artículo, de forma dura y sin vaselina. Lo que acaban de leer es un fragmento de un documento de 81 páginas, fechado en octubre 2021 y que se puede encontrar en la web de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos, por sus siglas en inglés FDA, Agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de la regulación de medicamentos, entre otras cosas). En dicho documento, Pfizer admite que se necesitan 5 años para estudiar los riesgos de miocarditis y pericarditis en niños, alegan que el grupo de participantes en el ensayo clínico actual es demasiado pequeño para detectar los riesgos. Es decir, tanto la FDA como la EMA (Agencia Europea del Medicamento) dieron luz verde este verano a la vacunación de niños mayores de 12 años en adelante, sin tener ni idea de los efectos secundarios o secuelas que pudieran tener los menores tras la inoculación de lo que llaman “vacuna”, y lo pongo entre comillas porque, lejos de tener la utilidad que siempre han tenido las vacunas, éstas, ya hemos visto, sólo están protegiendo a los laboratorios. A finales de octubre, una sonriente Carolina Darías aseguraba que España está preparada para comenzar la vacunación masiva de los niños menores de 12 años. Claro, vamos a inocular algo a tus hijos que hasta, como mínimo, dentro de 5 años no sabremos qué efectos nocivos puede acarrearles, pero es por su salud.

Los medios subvencionados no te hablarán de esto, como no te dijeron que cuando empezaron a inocular a la población había un estudio clínico en curso que duraría hasta diciembre de 2023, pero sí te han bombardeado desde diciembre del año pasado con propaganda sobre las bondades del nuevo elixir milagroso y la imperante necesidad de recibirlo, incluso a las embarazadas, cosa curiosa ya que cuando una mujer está embarazada se le limita toda medicación, pero las gestantes debían ser bombardeadas con titulares como  <<Sanidad llama a las embarazadas a vacunarse contra el COVID-19>>, el mismo mes (julio) que Sergio Rodríguez, presidente de Pfizer España declaraba que «Esperamos poder tener datos del ensayo en mujeres embarazadas con nuestra vacuna a finales de este año». Inoculando a embarazadas sin tener datos suficientes del ensayo cínico, uy, disculpen, clínico y, como podrán suponer, mucho menos de los efectos colaterales a corto, medio o largo plazo para los neonatos. Pero todo es por tu salud y la de los tuyos.

Tampoco te contarán los medios que en junio 2020 la Comisión Europea ya había firmado con varios laboratorios la compra de miles de millones de dosis, en unos contratos leoninos a los cuales se puede acceder parcialmente, pues muchas partes aparecen tachadas. No te dirán que ya entonces a España le habían adjudicado 229 millones de dosis… cuando España cuenta con una población de poco menos de 47 millones y medio de ciudadanos. En enero 2021, la Comisión Europea siguió comprando dosis y a España le correspondieron muchas más, como al resto de países. Hagan números, dividan, verán que las múltiples dosis ya las tenían contempladas desde el verano del 2020.

Los medios de propaganda te han dicho lo que debes hacer, pero no han informado completamente, al igual que las autoridades sanitarias. Tampoco te ha dicho nadie que, en febrero de 2021, la Comisión Europea lanzó medidas inmediatas para preparar a Europa ante la amenaza creciente de las variantes del coronavirus, en el marco del nuevo Plan europeo de preparación en materia de biodefensa frente a las variantes de COVID-19, llamado “HERA Incubator”, un plan tremendo cuyo nombre no auspicia nada bueno, menos aún si se piensa en esa diosa griega que llevaba tal nombre. No me invento nada, todo está ahí, en la web de la Comisión Europea, de la EMA, FDA, incluso en la de la OMS si quieren ir comparando datos.

Ya sé que estas palabras pueden acarrearme más que detractores, más a estas alturas de la historia donde la voraz necesidad de vacunar se suma al control orwelliano de quiénes se vacunan o no, persiguiendo a los que dudan como si fueran disidentes ideológicos de un régimen comunista o como judíos, en esa Alemania que pensábamos habían aprendido la lección. No importa, mis principios me impiden no contarlo, como cristiana no podría perdonarme estar callada ante algo que toma forma de algo que ni me atrevo a articular por lo terrible que es. Es impensable hablarlo solo «en petit comité», no puedo mirar para otro lado, eso no me dejaría dormir y, peor aún, me impediría mirar a los ojos de los que quiero.

Aquí sólo he hablado de datos que están escritos negro sobre blanco en documentación a la que, todavía, se puede acceder. No he entrado a hablar de los miles de casos de efectos secundarios que están apareciendo, ni del aumento de patologías cardíacas incluso entre deportistas, ni tampoco en las muertes repentinas que se están sucediendo a lo largo de este año. Pero qué se puede esperar de algo que se está inoculando al tiempo que los ensayos clínicos siguen en curso y, como mínimo, ya sean los de adultos o niños, necesitan un seguimiento de 5 años. Pero recuerda, es por tu salud y la de los tuyos.

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