El fin del PNV

Desde hace ya un tiempo que asistimos a la infame traición del presidente del Gobierno hacia la mayoría de los españoles. Hasta aquí nada nuevo. Lo que realmente llama la atención es ver como este miserable personaje es capaz de traicionar a los suyos, compañeros de filas o hasta a sus propios socios parlamentarios con tal de perpetrarse en el poder. El pasado lunes recibimos la maravillosa y «tan esperada» por algunos renuncia, por parte de los filoterroristas vascos encarnados en Bildu, a homenajear a los presos de ETA en actos públicos. Ojalá de ser así por decisión propia y terminar por fin de humillar directamente a víctimas e indirectamente a la sociedad española y no debido a una de las mayores cacicadas de este siglo. 

Esta decisión se corresponde única y exclusivamente a un camuflaje a petición del PSOE para reforzar la alianza Otegi-Sánchez sustituyendo los actos de exaltación pública de terroristas por recepciones discretas en el ámbito privado. Mismo perro distinto collar. Está en marcha el proceso de legitimación de Bildu como partido democrático y socio preferente para lograr la gobernabilidad de la autonomía vasca dejando de lado a uno de los mayores socios con los que hasta entonces este siniestro Gobierno ha contado, el PNV. Durante los últimos 50 años, el PNV ha cuestionado y se ha opuesto a la legislación antiterrorista, a la política penitenciaria de dispersión, a la deportación y extradición de terroristas, a la detención nacional de Herri Batasuna, a la ilegalización de partidos, a la clausura del diario EGIN y a la del sumario 1898 y, junto a esto, negociado y firmado acuerdos con ETA como el acuerdo de Lizarra del año 1998; en definitiva, tanto alimentar al monstruo que este se lo terminará comiendo. 

Como vasco, no puedo decir que esta nueva fórmula que se nos propone de gobernabilidad sea mejor que la anterior. Si hasta el momento los que no comulgábamos con esta red clientelar aquí instaurada por los herederos de Sabino Arana: dominadora del lenguaje impositivo, controladora de medios de comunicación, sanidad, educación y hasta señaladora y amenazante de los que intentábamos frenarlos, no pretendo ni imaginar el futuro que nos espera en manos de los que agitaban el nogal, en vez de como hasta ahora de los que recogían las nueces. Cabe destacar, por mucho que desde el gobierno se nos intente blanquear a Bildu como formación política democrática y de vendernos la idea de que ETA forma parte del pasado, no como Franco que habitualmente lo podemos encontrar los fines de semana firmando autógrafos en el Corte Inglés, que para los vascos que aquí nos sentimos españoles, ETA no ha muerto. ETA lo que ha dejado es de matar, ese odio a lo español, ese rechazo, xenofobia, racismo a lo que no somos nacionalistas como ellos sigue estando igual de presente en el día a día y en la vida cotidiana de muchos. No han renunciado a nada, siguen en el mitológico e idílico pensamiento de que sus criminales fueron unos «gudaris», no existe ni una condena a ningún asesinato cometido por la banda terrorista, sí de otros, pero ni hablar de los de la ETA. Continúa existiendo el miedo. Sin ir más lejos, al absurdo e insignificante hecho de lucir la bandera de tu país reflejada en una simple pulsera o de llegar a expresarte libremente, optando por el silencio. No hablemos ya de mostrar abiertamente tus preferencias ideológicas y que decir de como a consecuencia de darse esto, correr el riesgo de que, en ámbitos educativos -bien sea escolar como universitario- vivir señalado, corriendo el riesgo de ser agredido, insultado o humillado como de primera mano he podido comprobar.

Han sabido adaptarse en el tiempo y aprendido a conseguir mucho más rédito político y económico logrando representación y financiación en las instituciones que apretando gatillos. Lo que en 40 años matando no lograron, en 9 a través de pactos con la izquierda lo están consiguiendo. Que un partido que haya derramado sangre, sudor y lágrimas por este país, prime lograr el poder ante todo y a costa de todos, hasta de muchos de los suyos que ya no están, en un país políticamente sano marcaría su fin, en España tal vez volvería a ganar las elecciones y pondría a un tipo como Otegi, condenado por terrorismo, en cuestión de tiempo, de lehendakari.

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