La hora de la libertad

“La división ideológica que había en el país condujo a protestas y revueltas, lideradas tanto por activistas de izquierda como de derechas.”

Este comienzo de párrafo, extraído de una contextualización de la Guerra Civil, podría ser perfectamente una descripción del escenario político actual. A lo largo de la historia, el populismo ha conseguido manchar las etapas más doradas de los grandes países de occidente. Ahora, en plena era del desarrollo y de la diversidad, algunos optan por emular los pasos erróneos de la historia y dinamitar lo construido hasta ahora.

A la hora de resquebrajar la democracia, algunas ideologías han hecho más que otras. Frente a las ideas del socialismo marxista, correcto en su planteamiento idealista pero fallido en la práctica realista, como ha quedado demostrado en los últimos siglos, debemos construir un nuevo sistema basado en las libertades individuales y en la protección de los derechos fundamentales. Un buen sistema político debe saber compaginar medidas sociales y medidas económicas eficientes. Daniel Lacalle, en su último libro “Libertad o igualdad”, dice: “Por qué el desarrollo del capitalismo social es la única solución a los retos del nuevo milenio”.

Lacalle escribía sobre la verdad tras el liberalismo, que promueve no un capitalismo autoritario, sino un capitalismo social capaz de subsanar los errores del socialismo más radical. “El capitalismo proporciona a todo el mundo más riqueza y mayores oportunidades, mientras que el socialismo y el intervencionismo fracasan sistemáticamente y empobrecen a quienes los padecen”.

El sectarismo también hace daño a la democracia y las juventudes políticas debemos evitar su propagación. No debemos normalizar el conflicto, pero sí el entendimiento. Al fin y al cabo, los jóvenes, seamos del color que seamos, seremos quienes tomemos las riendas más pronto que tarde y la desintegración de España de poca ayuda será para nuestro futuro.
Partidos como Vox, Podemos o los independentistas desdibujan la razón de ser de la política con su afán de dominar el escenario de las redes sociales y el espectáculo. Con sus comentarios fuera de lugar, crean una atmósfera de irresponsabilidad sobre las instituciones, que alejan al ciudadano de la política real y acercan a violentos, sin límites e intolerantes.

Por ello, los jóvenes jugaremos un papel fundamental en el tablero político a la hora de cambiar el rumbo de la historia. Sin embargo, antes de escoger el sistema por el que queremos luchar, debemos ser capaces de terminar con la polarización y la inestabilidad social. Se hace urgente dejar de lado de una vez el egoísmo partidista que tanto daño ha hecho a nuestro país. Se hace urgente y necesario ganar la batalla de las ideas, empezando por el terreno cultural. Hasta que las televisiones, los medios y la progresía del cine y las redes sociales no dejen de estar manejados por la izquierda de este país, el liberalismo y el centro-derecha tendrán un corto camino que recorrer en España. De nada sirve luchar por unos valores si la distribución de estos se hace imposible a la hora de demostrar que el socialismo no funciona.

La fragmentación es obvia, pero los que aún resistimos entre dos aguas y no nos dejamos controlar por la mano de los “ismos”, debemos defender la libertad. Debemos contarle a la sociedad cuál es el camino correcto, para que se abra paso una nueva etapa de diálogo, concordia y entendimiento. Tres términos con los que derrotar al fantasma de 1936 e instaurar el sistema que queremos para España.

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