Crónicas de una madre moderna: el apasionante mundo adolescente

La adolescencia, ¿qué es sino una saga llena de drama, comedia y una pizca de romance adolescente? Comenzamos nuestra odisea con la etapa de la metamorfosis, donde nuestros queridos niños se transforman en seres que desafían las leyes de la física y de la cordura. Es como si de repente un hechizo mágico los convirtiera en criaturas híbridas entre seres humanos y extraños seres que solo se comunican a través de gruñidos y gestos enigmáticos.

Y entonces llegan las conversaciones. Oh, esas conversaciones. La capacidad de un adolescente para llevar cualquier tema inocente a terrenos completamente inexplorados y, a menudo, incómodos, es verdaderamente impresionante. Una charla sobre el clima puede transformarse en una disertación sobre los misterios de la existencia en cuestión de segundos. Uno podría decir que son como filósofos en ciernes, pero a veces parece que más bien están intentando confundirnos deliberadamente. Son esas charlas que no aportan ideas, pero sí nos quitan las pocas que tenemos. ¿Cómo puede ser que aún sigamos creyendo que podemos entendernos con los adolescentes? Olvídenlo, no estamos capacitados. Los adolescentes de hoy no son simplemente seres humanos más jóvenes, son una especie nueva. Por eso les llaman generación Z, les dan la última letra porque dan por hecho que la humanidad se va a acabar. ¡qué buena idea!

Cuanto antes asumamos que jamás nos vamos a entender con ellos, mejor. En primer lugar, para entenderse con alguien, esa persona tiene que hacerte caso, ¿verdad, ¿Cari? ¿Cari? ¿Cari?  La capacidad de atención de la generación Z no supera los 8 segundos. Hay árboles que prestan más atención por la calle. ¿Y por qué les cuesta tanto prestar atención? ¡Efectivamente! Porque están siempre con el teléfono móvil. ¡Y tanto que lo están! Más de la mitad de la generación Z usa sus teléfonos inteligentes cinco o más horas al día. Yo no uso tanto tiempo ni las bragas. Cinco horas al día con el móvil, ¿haciendo qué? Si no contestan nunca cuando les llamas.

Cuando tienes un familiar adolescente, solo te queda resignarte y comunicarte con él por WhatsApp. El problema es que te dan antes un riñón que una respuesta. Mira, fijaros en este tipo de conversación: ¿Cari? ¿Cómo estás? Hace frío. ¿Llevas la sudadera? ¿Te están amenazando? Por eso no puedes hablar con libertad, cariño. LOL. Es más fácil sacarle información a un terrorista. Casi todo lo que escriben son letras sueltas. «L», «O», «L», «WTF» «What the f***?» (¿Qué demonios?), «OMG» «Oh my God» (Oh, Dios mío). Estamos hablando o jugando al scattergories. Y esto no es todo. Que levanten la mano los que habéis tenido que buscar en Google alguna expresión adolescente que no habéis entendido. ¡Pues lo siento, habéis perdido el tiempo! Para cuando lo habéis aprendido, ellos ya han dejado de usarla.

Es una generación flipante. Han decidido no aprenderse las normas ortográficas y hasta han hecho que la Real Academia de la Lengua Española acepte «puto» como prefijo amplificador. ¡Te lo flipas! Está admitido decirte ¡Eres lo puto peor! Jajajaja y ahora en serio han aceptado: perreo, marichulo, chundachunda y balconing entre otras. Pero a veces, se apiadan de nosotros, los boomer, y nos mandan notas de voz. «Oli». ¿Qué significa? ¡Ni idea! Y luego, por supuesto, están las redes sociales. Una tierra salvaje y sin ley donde los adolescentes se convierten en seres completamente diferentes, con vidas paralelas y un lenguaje propio que parece ser un misterioso código secreto. Intentar entender la lógica detrás de las publicaciones de mis hijos es como intentar descifrar jeroglíficos egipcios. Son los reyes de las nuevas tecnologías, me dan mil vueltas.

En la travesía de la adolescencia, encontramos momentos de comedia que iluminan incluso los días más oscuros. Aunque desafiantes, nuestros hijos adolescentes nos brindan risas, aventuras y amor incondicional. Brindemos por ellos, esos valientes guerreros de la vida moderna. Aunque no comprendamos todo, podemos disfrutar de este viaje épico y reírnos de las situaciones que enfrentamos juntos. ¡A vivirlo con humor y amor!

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1 Comment

  1. Ja, ja, ja. Tal cuál, apreciar su creatividad en este nuevo mundo y buscar siempre el lado «humorístico» es la manera de convivir con ellos como tú bien dices. Bien por ellos!!!

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