Universidades y otros chiringuitos

En artículos anteriores se hablaba de la facilidad que tiene determinados políticos de este país en apropiarse de ciertos términos o palabras y quedárselo en exclusividad. Pero no tienen bastante, ellos lo quieren todo, aunque, al fin y al cabo, ese es el objetivo del comunismo: todo es de todos, pero para mí más. Si algo tienen muy claro los socialistas y sus compañeros de Gobierno, es que el control de la educación es primordial para lograr sus fines. ¿Para qué convencer de mayores a los que puedes adoctrinar de jóvenes?

Lo que se está viendo en la universidad, concretamente, en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, no es algo de lo que pueda enorgullecerse un sistema educativo moderno. Con Monedero a la cabeza y bien respaldado por la jefa de decanato, la ideología comunista campa a sus anchas; al fin y al cabo, ya lo dijo ella misma al prohibir la conferencia en la que participaba la popular Elisa Vigil: “Somos una facultad de izquierdas”. Y se quedó tan ancha.

El problema no es la orientación de la decana, ni de los profesores ni del alumnado. No. El conflicto surge cuando hay alguien que opina o piensa diferente. Y eso, en territorio podemita no puede pasar. En la universidad, al igual que en Podemos, Unidas Podemos, Más Madrid o como quieran llamarse, las notas discordantes no valen, fuera, expulsadas y si puede ser estigmatizadas, mejor. Que quieres dar una charla que no concuerda con el ideario leninista, censurado y a otro lado. Que el 8 de marzo asistes a clase, a otro lado. Ese día se viene a pintar y a destrozar mobiliario, no vaya a ser que los servicios de limpieza se queden sin trabajo. Y todo esto en la Complutense, porque si hablamos de Cataluña… Allí, desgraciadamente, juegan en otra liga.

Pero es que, a estas formaciones tan liberales, los que llevan la igualdad y los derechos por bandera, les gusta acaparar nichos de poder y hacerlos suyos. Nadie entra si no cumple las reglas, al igual que todo el que no obedece, sale. Si eres homosexual, debes ser de izquierdas y saltar y brincar en la marcha del orgullo, no vaya a ser que te confundan con un capitalista conservador. Si te casas por la Iglesia, de derechas. Un buen camarada lo hace por el juzgado. Y si no, que no se case. Toda la vida queriendo un perro y ahora, que has conseguido independizarte, ahorras para comprarte un animal con buen pedigree. Fascista, el votante liberal adopta como buen animalista que es. ¿Procesiones? Lejos, lo más lejos. Al igual que las bodas, todo lo que huele a religión escuece.

Todo eso pasa, aunque suene a chiste. Lo que ya no es gracioso cuando aparece un Putin, defensor a ultranza de la gloria rusa y comienza una guerra. ¿De qué equipo son ahora los progresistas? Se han leído todos los libros de Marx, llevan la hoz y el martillo en las camisetas… Pero cómo van a defender a quien encabeza una matanza que dura meses. Pero, por otro lado, ¿enviar armas a Ucrania? Si soy antimilitar y odio las armas. Las neuronas empiezan a arder y la demagogia facilona junto con otros chiringuitos saltan por los aires.

Es entonces cuando uno se da cuenta de que gobernar no es fácil y que hace falta algo más que una cara bonita adornada de palabras vacías. Aquí es cuando hacen falta dirigentes preparados para gobernar una nación. Y seguramente, muchos de ellos son los que habrán estudiado en la universidad, es más, quizás, Ciencias Políticas en la Complutense.

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